viernes, 13 de marzo de 2009

De cuando escuché la palabra piruja y nadie me explicó su significado

Este fin de semana tengo reunión familiar.
Es extraño porque a pesar de que mis abuelos ya no viven, la familia se ha mantenido unida. Cada que hay aniversario luctuoso, día de la madre (o el padre) o cumpleaños, ahí estamos, todos metidos en casa mi tía "Glamour ante todo".
Estas bonitas imágenes de las comidas familares me traen muchos recuerdos. Desde el primo que se cayó de la bicicleta, o cuando Piel Canela y yo nos robabamos la ropa de la Barbie de mi prima "Glamourcito 2" (y viceversa), hasta el histórico día en que llevamos unas cervezas para la reunión y las tomamos entre los primos presentes (en la familia de mi mamá nadie toma).
Ojalá que viviera más cerca de mis primates, nos llevamos rebien. Pollo es súper divertido y su hermano Mr Pittsburgh lo es más. Glamourcito 2 es mi única prima y la adoro, es como una hermana y El suave (hermano de la Glam) es la onda.
Y precisamente estos recuerdos son los que me remiten al nombre esta entrada: "De cuando escuché la palabra piruja y nadie me explicó su significado".
(cof, cof) Yo tendría como seis años. Seguía a mi mamá para pedirle (seguramente) alguna tontería. Exactamente en ese momento, mi tía Glamour sacó una bolsa muy linda y se la regaló a mi mamá. Pero lo relevante fue que cuando se la dio, le dijo: "Ten manita, yo no la quiero porque la piruja del otro lado tiene una igual".
¡Ohhhhhhhhh, qué revelación! Para mí fue un acontecimiento porque jamás había escuchado algo similar: "piruja".
Naturalmente (como cualquier niña normal) pregunté en voz alta, ¿qué es piruja, tía? Todo lo que recibí como respuesta fue un: ¡No andes diciendo esas cosas, es una grosería! Y nadie me explicó nada.
Creo que no cometí la regada de andarlo diciendo en público, pero fue una palabra que marcó mis recuerdos de niñez, igual que la palabra "ramera" (Cortesía de la traducción de "Mujer Bonita").
Pero, qué peeeex??? ¿Por qué los adultos no somos capaces de enmendar nuestros errores y tener la cortesía de explicar las palabras que decimos (o de callarnos) enfrente de un niño? Creo que después de 10 años, me fui enterando qué carambas significaba. Me la viví pensando que "piruja" era una paleta y "ramera", una señora que vendía ramas.
Creo que por eso, ahora digo muchas groserías (sólo en lugares autorizados).
La única lección que me quedó, es que cuando exprese mi léxico oficinístico (no existe la palabra, pero suena bien) enfrente de mi "Olafo, cara de payaso"(mi bello sobrino, jijo de la..) le explicaré cada una de mis palabras y diré la mítica frase de mi papá cuando hablaba inapropiadamente enfrente de nosotros: "Digo las groserías para que aprendan y no las digan"
¡Como no! ¡Ese es mi apá!!