lunes, 14 de diciembre de 2009

Los héroes caídos

Ay de mí, llorona..
llorona de ayer y hoy
Ayer, maravilla fui llorona
y ahora, ni sombra soy...
La llorona/canción popular oaxaqueña


En la mañana alguien retuiteó a cierto profesor de la FES Aragón, que si bien a mí no me dio clases, su fama se extendía a los dos turnos de Periodismo. Era uno de esos a los que amas u odias.
Pensando en eso, recordé a uno de mis profesores que tenía una línea muy parecida a la del antes mencionado. Ambos se empeñaban en mostrar las raíces del mexicano por medio de la historia, la arquitectura, la música.
Ambos tenían historias truculentas a su alrededor, ambos eran queridos y odiados. Populares, vacas sagradas, temidos, respetados.
Yo le tenía un especial cariño al que fue mi profesor. Cada que abría la boca, le encontraba un singular parecido con uno de mis más queridos tíos. Mismas características, historias y formas de ver la vida. Mismas problemáticas, misma enfermedad.
Ayer hablabamos de Jimmy Hendrix y le dije a mi papá: me gusta mucho su música pero no lo considero un genio. Si necesitas de la droga para tocar así, es que el talento no es nato.
Y exactamente eso me pasa con estos personajes.
¿En verdad se necesita ser un alma torturada para tener genialidad? ¿tener un vicio (que no vicio sino enfermedad progresiva y mortal por necesidad) para trascender?.

Y volví a pensar en mi profesor. Alucinado (o lleno de luz), loco místico, espíritu atormentado, extravagante... recibí grandes lecciones de vida directa e indirectamente. Pero el último semestre, cada vez que llegaba con el semblante alterado, la cara roja y los ojos turbios a darnos cualquier indicación para librarse de dar clase, esa admiración se convirtió lentamente en tristeza lastimosa. Como cuando encuentras que tu héroe de la infancia no era tan grande, tan poderoso o tan sabio.

Y volví a pensar en mi tío. Él es un gran artista (retirado): pintor, escultor y fotógrafo.
Me regaló unos discos de Lila Downs (de la que ambos somos grandes admiradores). Mientras los probaba en el stereo, las notas de su versión de "La llorona" irrumpieron violentamente en el cuarto. Él miraba al vacío cuando, "Ayer, maravilla fui llorona. Y ahora ni sombra soy..." le taladró el oído. Volteó a verme y me dijo "es verdad".
En ese momento yo sólo tuve ganas de llorar.
Mi tío llevó una vida de artista. Vivió como el estereotipo: atormentado, genial y enfermo.
Toda la vida lo he admirado, es de esas personas con las que puedes platicar por horas y terminas tapándote las orejas y los ojos para que la información que acabas de recibir no se te salga, para retener el torrente de datos, anécdotas y vivencias.
En serio amo a ese hombre.

Pero ahora que soy mayor, me doy cuenta que su alma atormentada de artista fue movida por el miedo. Miedo de crecer, de madurar, evolucionar.
Nadie deja ir al amor de su vida a otro país, sólo porque no sabría que hacer en un lugar ajeno en costumbres y diversidad.
Sólo el miedo. Y odio pensar que una de las personas a las que más admiro en la vida, haya sido movido por el miedo en todo momento.
Porque no quiero ser así...
...o porque yo misma tiendo a ser así.

Un héroe es aquel al que le transferimos poderes sobrenaturales. Un papá que todo absolutamente TODO lo arregla. Un profesor que se sabe todas las historias del mundo; una mamá que en todo momento está disponible para escucharte. Un hermano fuertísimo y valiente que te defiende de todos los malos; una hermana que se enfrenta con todo el mundo y no le tiene miedo a nada. Un tío que sabe y domina todas las doctrinas políticas y religiosas del mundo...
Mala noticia: creces y te das cuenta que todo ha sido una patraña.
Que son humanos, que no lo saben todo, que no tienen poderes increíbles, que algún día se agotan.

Ahora que soy mayor me doy cuenta de eso. Y por la misma razón los amo y los respeto más.
Porque algún día escucharé a Lila Downs con su voz potente y dolorosa decir: "Ayer, maravilla fui llorona. Y ahora ni sombra soy..." Y querré que el que esté a mi lado me escuche decir: "es verdad".
Y que ese alguien no tenga ganas de llorar.

7 comentarios:

Ro dijo...

Me conmovió tu relato. Y es que los heroes no existen en este planeta como seres apartados de los demás. Los más genios, fueron humanos también. De carne y hueso.

Adrián López~Cruces dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Adrián López~Cruces dijo...

Tocas un tema delicado (y caramba, cada vez escribes mejor, seguí tu línea de pensamiento con una suavidad impresionante).

Yo no sé si Hendrix hacía cosas geniales pese o por las drogas. Pero era un genio.

Es difícil delimitar entre los rasgos esenciales y los contingentes de una persona. A final de cuentas él ─y los que de alguna forma son como él─ hicieron lo que hicieron por como vivieron. ¿Es triste? Sí. La vida es así.

Un abrazo.

Zetaeme dijo...

siempre he dicho que lo mas sano que alguien puede hacer es no tener ídolos. Siempre tener en cuentas que esas admirables persnas son humanos con debilidades y fracasos...

buen texto, me gusta mucho :)

Guapóloga dijo...

Buen punto para reflexionar sobre las tendencias autodestructivas del prejuicio sobre el artista.

El primer paso para dominar el miedo es conocer qué lo provoca y qué tendencia natural tenemos para actuar en ese momento. Creo que el miedo no se quita nunca totalmente ni a todo, sino que va modificándose y lo que sí se vuelve heróico y genial es cómo se sigue siendo una persona de carne y hueso y se van alcanzando a base de esfuerzos metas que hacen mejor a laspersona y mejor al mundo.

Besos, bella!

Simone

Yey★ dijo...

Los héroes los hacemos nosotros... y nosotros mismos podemos serlo!

muy buen tema para reflexionar

Y aunque sean caídos siempre queda algo de admiración

Valentina dijo...

Por poco lloro y no puedo porque estoy en el trabajo... muy linda tu reflexión... yo tengo un tío muy parecido al tuyo...