martes, 29 de diciembre de 2009

De lo que hice, no hice y dejé de hacer en 2009

El año se muere y una pequeña parte de nosotros también.

He de confesar que no creo en los propósitos de año nuevo. Son sólo buenos deseos de lo que nos gustaría hacer pero al final del año sólo se convierten en eso.
Buenas acciones que creíamos que podrían materializarse de manera mágica sin que nos costaran un poco de trabajo, como dejar de fumar, hacer ejercicio y un montón de basura políticamente correcta que, (al ver que nada de eso ocurrió) nos dejan con un vacío existencial.
Porque ahora en vez de una, fumamos tres cajetillas y en lugar de tener el cuerpo de Madonna, parecemos la reencarnación de Vitorino.

Hace poco (cuando por fin me enteré de que el año se estaba acabando) me deprimí un poco porque en mi núbil recuento sentí que no había hecho nada. Después fui con el psicólogo, me cacheteó y vi claramente que mi "nada" en realidad era algo. O fue una trampa psicológica para que me fuera contenta y sintiera que había valido la pena viajar dos horas en el metro para ir a la consulta. Nah, no es cierto.
El punto es que si bien, no terminé mi tesis como lo predije en enero de 2009, tampoco me quedé tan estancada. Pude cambiar rápido de tema luego de la ida a tierras tapatías de mi querida Aralé.
Mi cuerpo no se transformó en el cuerpo de Madonna como lo deseamos el clan de las chicas y yo (mientras nos empacábamos un gran plato de pasta), pero me pude mantener en mi peso.

No dejé de fumar, pero si bajé considerablemente mi consumo de nicotina.

No me lié en una relación amorosa estable y comprometida como lo pedí cuando me tragué las uvas, pero tuve la oportunidad de salir con muchas personas que si bien, no todas fueron buenas experiencias, sí me ayudaron a crecer como persona y avanzar en el terreno del autoconocimiento.
Aunque esto no estaba en mis manos, mi mamá ha recuperado lentamente la salud que tanto pedimos a principio de año.
La cosecha de amistades aumentó. ¡Y como!
Como ya muchos saben, a través de este blog y su debido seguimiento en twitter, contacté por mera casualidad a muchas personas a las que ahora puedo contar como amigos.
Y amigos en serio: Daniel, Alejandro, Melissa, Mariana, Luis, Miroslava, Leo, Patricia, Berenice, Ángeles, Aldo, Ángel, Juan et al. Señoras y señores, muchas gracias por su amistad y todos los momentos felices, divertidos, tristes, bizarros (y lo que falte) que he pasado con ustedes. No esperaba nada y me fui con todo.

¡Brandy se fue! La mascota adorada que me acompañó durante 13 años, el 4 de mayo partió al cielo de los perros, dejando a Cognac sola. Pero nos quedamos con los recuerdos de la que se convirtió en un miembro más de la familia.

Pensar en el siguiente año me da vértigo y miedo. En realidad ahora sólo puedo pensar en que 2009 me dio herramientas y armas para vencer las dificultades y ventajas del 2010. Porque tengo un año más de experiencia, de madurez y de evolución.
Ah!, y ahora me toca desearles un gran año. El año que ustedes se quieran crear.

Fotos del año que se va






miércoles, 23 de diciembre de 2009

Cómo estar solo en Navidad y no morir en el intento

Para Me y Mi a las que aprecio mogollón
Espero que este año, nuestra búsqueda resulte exitosa.
#terabesi

Pues ya estamos a punto de que la Navidad nos saque un ojo.
Algo que no comprendo de estas fechas, es la necesidad de las personas de conseguir pareja (desesperadamente). Pero el fenómeno se da en fechas muy específicas como febrero, entre marzo y abril y en diciembre, como si no hubiera mañana y como si el hecho de no conseguir a alguien con quitarse el calor (o dárselo) es señal de que en todo el año tampoco podrán.

En el caso de la temporada navideña, me imagino que esta afirmación es motivada por la idea que las fiestas se deben pasar en compañía. Yo entiendo por compañía amigos y familiares, aunque cuando lo menciono me dicen: "Pero no es lo mismo".
Es decir, los seres queridos valen madres porque no pueden tener ayuntamiento carnal con ellos. Pues sí, en definitiva no es lo mismo (y en el caso de los familiares, en gran parte de los países, hasta ilegal).
¿Será por eso que la tasa de suicidios y rasgaduras de vestidos varias aumenta en esta época?
Y es que el final del año trae consigo (queramos o no) un análisis de conciencia muy fuerte. De lo que se ha hecho y no en el transcurso de 12 meses. Y en este caso, encontrarse con que no se pudo mantener una relación estable ni con el gato, está muy difícil.
¡Pero amiguito lector, no se sienta mal si ni su perro se le acerca!
Hace poco, luego de que un amigo me contara las desgracias que le habían ocurrido en el año, le dije cual Miguel Ángel Cornejo de petatiux: acuérdate que crisis es igual a oportunidad." Y es verdad.
Porque, ¿qué sería de nosotros si no aprendieramos de las relaciones fallidas por las que atravesamos? O quizá porque no hemos aprendido es que seguimos cometiendo los mismos errores y enamorándonos de las mismas personas que sabemos que serán nuestra perdición cual chocolate para gorda en dieta, o cual cigarro para fumador de 3 cajetillas al día o , o...(cualquier otra metáfora pendeja que se les ocurra).
Es decir, es sano tener errores, pero también saber verlos y extraer el aprendizaje que llevan consigo. (Por ejemplo, yo este año aprendí, que lo mío, lo mío son los extranjeros... o algo).
De cualquier forma, no hay recetas perfectas para conseguir el amor, una pareja o alguien que nos haga olvidar el tiempo. Y menos si la búsqueda parece una misión imposible por encontrar el elixir de la vida.
Easy dude! Están buscando pareja, no el arca perdida.
(Y quiero mandarle un consejo indirecto a cierto tuitero que se la pasa lanzando convocatorias en el timeline. Amigo, esa no es la forma: pareces desesperado. Ah y deberías dejar de escribir como si hablara un niño pequeño. Tampoco es sexy y sí bastante ñoño).
Sí.

Después de destrozar la autoestima de alguien (para su bien) sólo me queda desearles que pasen decentemente las fiestas y déjense de mamarrachadas (ya saben: la navidad apesta, odio la navidad, ojalá que pudiera dormir el 23 de diciembre y despertar el 2 de enero, bla bla bla) Secretamente a todos nos gusta la temporada, nada más que ser reaccionario en contra del sistema jamás pasará de moda).
Embriáguense, pero no hagan cosas estúpidas como subirse a un coche e intentar manejarlo o algo.
Recuerden que es de pésimo gusto morir en estas fechas.

lunes, 14 de diciembre de 2009

Los héroes caídos

Ay de mí, llorona..
llorona de ayer y hoy
Ayer, maravilla fui llorona
y ahora, ni sombra soy...
La llorona/canción popular oaxaqueña


En la mañana alguien retuiteó a cierto profesor de la FES Aragón, que si bien a mí no me dio clases, su fama se extendía a los dos turnos de Periodismo. Era uno de esos a los que amas u odias.
Pensando en eso, recordé a uno de mis profesores que tenía una línea muy parecida a la del antes mencionado. Ambos se empeñaban en mostrar las raíces del mexicano por medio de la historia, la arquitectura, la música.
Ambos tenían historias truculentas a su alrededor, ambos eran queridos y odiados. Populares, vacas sagradas, temidos, respetados.
Yo le tenía un especial cariño al que fue mi profesor. Cada que abría la boca, le encontraba un singular parecido con uno de mis más queridos tíos. Mismas características, historias y formas de ver la vida. Mismas problemáticas, misma enfermedad.
Ayer hablabamos de Jimmy Hendrix y le dije a mi papá: me gusta mucho su música pero no lo considero un genio. Si necesitas de la droga para tocar así, es que el talento no es nato.
Y exactamente eso me pasa con estos personajes.
¿En verdad se necesita ser un alma torturada para tener genialidad? ¿tener un vicio (que no vicio sino enfermedad progresiva y mortal por necesidad) para trascender?.

Y volví a pensar en mi profesor. Alucinado (o lleno de luz), loco místico, espíritu atormentado, extravagante... recibí grandes lecciones de vida directa e indirectamente. Pero el último semestre, cada vez que llegaba con el semblante alterado, la cara roja y los ojos turbios a darnos cualquier indicación para librarse de dar clase, esa admiración se convirtió lentamente en tristeza lastimosa. Como cuando encuentras que tu héroe de la infancia no era tan grande, tan poderoso o tan sabio.

Y volví a pensar en mi tío. Él es un gran artista (retirado): pintor, escultor y fotógrafo.
Me regaló unos discos de Lila Downs (de la que ambos somos grandes admiradores). Mientras los probaba en el stereo, las notas de su versión de "La llorona" irrumpieron violentamente en el cuarto. Él miraba al vacío cuando, "Ayer, maravilla fui llorona. Y ahora ni sombra soy..." le taladró el oído. Volteó a verme y me dijo "es verdad".
En ese momento yo sólo tuve ganas de llorar.
Mi tío llevó una vida de artista. Vivió como el estereotipo: atormentado, genial y enfermo.
Toda la vida lo he admirado, es de esas personas con las que puedes platicar por horas y terminas tapándote las orejas y los ojos para que la información que acabas de recibir no se te salga, para retener el torrente de datos, anécdotas y vivencias.
En serio amo a ese hombre.

Pero ahora que soy mayor, me doy cuenta que su alma atormentada de artista fue movida por el miedo. Miedo de crecer, de madurar, evolucionar.
Nadie deja ir al amor de su vida a otro país, sólo porque no sabría que hacer en un lugar ajeno en costumbres y diversidad.
Sólo el miedo. Y odio pensar que una de las personas a las que más admiro en la vida, haya sido movido por el miedo en todo momento.
Porque no quiero ser así...
...o porque yo misma tiendo a ser así.

Un héroe es aquel al que le transferimos poderes sobrenaturales. Un papá que todo absolutamente TODO lo arregla. Un profesor que se sabe todas las historias del mundo; una mamá que en todo momento está disponible para escucharte. Un hermano fuertísimo y valiente que te defiende de todos los malos; una hermana que se enfrenta con todo el mundo y no le tiene miedo a nada. Un tío que sabe y domina todas las doctrinas políticas y religiosas del mundo...
Mala noticia: creces y te das cuenta que todo ha sido una patraña.
Que son humanos, que no lo saben todo, que no tienen poderes increíbles, que algún día se agotan.

Ahora que soy mayor me doy cuenta de eso. Y por la misma razón los amo y los respeto más.
Porque algún día escucharé a Lila Downs con su voz potente y dolorosa decir: "Ayer, maravilla fui llorona. Y ahora ni sombra soy..." Y querré que el que esté a mi lado me escuche decir: "es verdad".
Y que ese alguien no tenga ganas de llorar.

lunes, 7 de diciembre de 2009

malditos regalos! y otras reflexiones sobre conciertos masivos...

Post dedicado a Arlett y René por lo que
parece un año de felicidad mientras los demás
envidiamos su buena estrella
y preguntamos en que curso de buceo se inscribieron.
¡Ea valientes! Los amo a los dos.


Atendiendo al tema navideño, el viernes regresé sumamente feliz de la fiesta de fin de año de la oficina. Y no porque la comida haya sido estupenda (que no lo fue), sino porque en el intercambio me dieron justo lo que quería y ahora podré comprar los audífonos decentes que me recomendó el querido y apreciado Dani, para salvar la poca audición que me queda luego de incontables horas pegada al iPod.
sí.
Por otro lado recibí otra cósmica compensación por el horrible y desagradable episodio que viví el jueves (yo nada más digo, no vayan al Lumiere Reforma. O vayan si son gerontófilos). Y esta compensación fue algo tan bizarro y paradójico que me emocionó. Me gané un wii.
¡¡Un wii!!
De dónde salió la idea de que a mí me gustan los juegos de video? ¿cómo ocurrió? Porque dios sabe que yo odio los videojuegos (excepto rock band y guitar hero a los que considero la salida a la frustración para un aspirante a rock star que jamás a tocado ningún instrumento. Nos hacemos llamar melómanos).
Pues la cosa es que tengo una sofisticada consola gamer y temo por mi vida.

Cuando hace poco comencé una amistad que prometía convertirse en algo más pero que no llegó ni a la cola de las tortillas, tuve ganas de aprender a jugar. Pensaba insulsamente que su aprecio subiría si me convertía en experta gamer; afortunadamente deseché la idea que desde su origen era estúpida. Estuve a punto de perder autenticidad por una tomada de mano que no valía la pena. No por la persona sino por la situación en sí. Bah.
(anécdota que no tiene nada que ver, pero que tenía que incluir como responsabilidad social con mis congéneres).

Ah sí, los regalos.
El mismo viernes, mientras hacía algo sin interes para el respetable, la gran Loli marcó para preguntar: quieres ir al Goliath? (festival de música miscelanea que su organizador, Pedro Moctezuma, intentó comparar con Woodstock y Lolapalloza) (ya pueden dejar de reír o de babear espuma). De nuevo:
La Lola:-¿quieres ir al Goliath con un pase en VIP?
DcodyR4: mmm, bueno.

Y así fue como caí en la zona VIP para codearme con personalidades como Ari Borovoy y unos pendejillos de telehit cuyos nombres no recuerdo. Ayer, Luiz Yocomolobos me dijo: dicen que los de VIP se la pasaron bien. Y sí, yo creo que fueron los únicos.

La zona de general era un asco, demasiada gente y demasiada discriminación. Jamás había ido a un concierto tan elitista por razones varias:

1-El servicio médico estaba justo al lado de la entrada a VIP, para los demás había que caminar toda la Alameda Poniente.
2-Básicamente la zona de comida era el equivalente a elegir, en que lugar de Polanco comer. Había puras cadenas de zonas adineradas, a excepción de una cadena de pizzas que vendía las individuales en 50 pesos (unos 6 dls aproximadamente).
3-Los grupos iban retrasados dos horas. Sólo quería ver a Justice y me lo perdí porque salieron a tocar como a las 3am. Es decir, la organización fue una mierda.
4-La zona VIP apestaba. Los yuppies ni siquiera iban a ver el concierto, competían por ver quien tenía más botellas vacías en sus mesas y quién trataba peor a los meseros. Maldita alta sociedad cerda.
5-Los boletos: Zona general: 790 (80 dls) ; Preferente:1500 (160 dls) VIP: 2,875 (300 dls aprox). Creo que el comentario sobra.

Pero en general no estuvo mal. Pude ver muy de cerca a Calle 13 (de los que ahora soy una núbil fan pouser gracias a que (y no me canso de decirlo) Residente está re-bueno), a Black Eyed Peas (que tampoco me gustan pero tienen buen espectáculo), a Cromeo (a los que tuve a cuatro metros y suenan parecido a Daft Punk) y otros grupos cuyos nombres no recuerdo porque me asaltó una migraña terrible que sólo se curó con dos aspirinas, paracetamol y diclofenaco todo eso tragado con una coca-cola.
Fue un gran viaje, enorme.

Salimos a las 2:30am muertas de frío, sin ver a Justice y comentando sobre drogas duras durante el trayecto de Santa Fé a la Roma.

Llegué a casa a las 3:30 en lo que fue un cuadro ligeramente gracioso visto desde fuera: Yo tocando la puerta y marcando al teléfono para despertar a mi papá porque no tenía llaves, temblando de frío, mientras Cognac estaba acostada en mi cama con la panza para arriba, las patotas abiertas y la cabeza de lado.

No cabe duda que el perro es el mejor amigo del hombre.
Cuando le conviene.

miércoles, 2 de diciembre de 2009

De intercambios y otros oscuros objetos del deseo

Diciembre me gustó, pa que te vayas
que sea tu cruel adiós
mi navidad...
Amarga navidad/José Alfredo Jiménez


Después de tres años de vida laboral, descubro que no soy fan del intercambio.
En realidad, el hecho per se no es detestable, la tradición del regalo está desde que tengo memoria (y más atrás) y siempre se agradece el obsequio desinteresado. PERO, el regalo de intercambio puede llegar a ser desagradable y apestosísimo por razones varias.

1. Porque casi siempre, participa toda la oficina. No es lo mismo un intercambio entre amigos, cuando sabes más o menos que dar, que la famosa "rifa de papelito". Ahí te puede tocar desde tu mejor amig@, la secre que te acusa de tardar media hora más en la comida, el jefe que te hace la vida imposible, el buenón del piso, el mueble y demás fauna burócrata.

2.No das un regalo por gusto sino por obligación. Aún cuando te niegues a asistir a la faji-chupi-comida de fin de año, NO te puedes zafar.

3.Nunca te dan lo que esperas. Afortunadamente a alguna mente maestra se le ocurrió que los participantes dieran una lista de lo que desean. Antes sólo se daba el monto mínimo de regalo, pero se corría el riesgo de que Pafnuncio le diera una flamante cartera de piel con el logo gigante del América a Romualdo que le va a las Chivas. O que a Juanita de "cobros" le dieran una caja de chocolates cuando es diabética. (Que dios bendiga las tarjetas de regalo).

4.El momento de entregar el obsequio es ligeramente ridículo. Normalmente se hace en medio de la comida, entre el pollo en salsa de almendras con pudín de elote y el tiramisú de 7 chocolates con sidra Santa Clos. Los convocados pasan con su regalito al frente y entre el queloabra-queloabra, besobeso, sexosexo pasan unos de los 5 minutos incómodos de la noche (y los que faltan).

Después viene el chupe, más chupe, bailongo, bailongo deshinibido, bailongo subido de tono, el baile del perrito, reaggeton, lambada. Y lo que sigue: -"¿Alguien a visto a Ricarda? se desapareció y dijo que me iba a dar un rai...-
O como lo que me contó una gran amiga que vio en su fiesta: "Albertano de finanzas se puso a brindar con el jefe y le rompió la copa, luego fue a bailar y quizo manosear a las muchachas". O "Simeón se puso bien pedo y le mentó la madre a todo el mundo", ó:"estabamos bailando y pisé al director de la empresa".

Gracias a alguna bendición cósmica o algo, en los trabajos en los que he estado no he tenido que pasar por tanta desgracia. En el primero hubo tiramisú de chocolate (o de lo que sea), el baile del perrito (y el clásico tímido que se deschongó en el proceso luego de tres tragos), disfraces de princesas, saltimbanquis y demás cosas del medievo (recordé a una pobre tuitera que buscaba ideas originales para vestirse de vaquera por una causa similar) pero nada de regalos.

En donde actualmente trabajo, el año pasado la cena fue agradable y afortunadamente casi todos guardaron la compostura, pero tuve que pasar por el incómodo momento del grito de guerra besobeso-sexosexo. Me dieron una tarjeta de regalo de la reconocida librería que promueve frases jocosas y compré 3 películas de mi director favorito Pedro Almodovar y un libro de Ibargüengoitia que no me gustó (aunque yo quería un iPod).

Pero nada como la anécdota que oí hace tiempo sobre una fiesta de fin de año ocurrida por ahí de 1970 y tantos: "Todo el mundo andaba en la fiesta bien contento, cuando de repente veías que dos se desaparecían en una oficina. A principios del siguiente año llegaron como tres muchachas llorando con sus mamás fúricas, buscando al jefe porque estaban embarazadas".
Creo que por eso dejaron de hacerse fiestas en las oficinas.
Supongo que así, la gerencia no paga esos platos rotos.