martes, 9 de marzo de 2010

Mi gran anécdota de Reforma

Soy particular fan de avenida Reforma.

En general, todo (o casi) pasa en ese lugar. Las marchas, plantones, desnudos masivos (y no me refiero a los de Spencer Tunick, claro está, sino a los 400 pueblos)... Todo ello, teniendo como mudos testigos a La Victoria alada, la Diana Cazadora, Cuauhtémoc mirando a lontananza y la única palma que se conserva desde el inicio de la historia de esa avenida.

A mi, Reforma me ha dado alegrías y tristezas. He caminado hasta el hartazgo desde la Torre Mayor (antes de llegar al bosque de Chapultepec) hasta Insurgentes, que es dónde se acaba la enorme banqueta y las bancas artísticas con las que la remozaron hace algunos años.

Así, mientras camino al lado de la Bancaria Comercial y la plaza de Reforma 222, me acuerdo que fue ahí donde intentaron venderme películas pirata como si de droga se tratara, cuando me fumaba tranquilamente un cigarro. En esa plaza ví mi primera película sin compañía (500 days of summer).
Caminando por ese lado me di cuenta que los sentimientos que tenía por alguien, se habían esfumado por completo e, ironía de ironías, un año antes fue ahí donde pensé que no iba a poder vivir tranquila sin él.

Más adelante está la zona rosa. La glorieta de La Palma (frente a la bolsa de valores) y la columna del Ángel, miran el día a día de oficistas de la zona, turistas, extranjeros que vienen en busca de mejores oportunidades y parejas gays que se besan con pasión bajo el cobijo de lo que ahora es su territorio.
Nadie puede mirarlos con repudio o enojo porque todo capitalino que se precie de serlo, sabe que en "zona" (como le llaman sus parciales habitantes) ellos son los amos. Predominan los antros gay, las sex shops y los grupitos de muchachos entre 14 y 30 años que se gritan a la distancia: ¡oye tu, perra! con un tono entre afeminado e indefinido.
Yo de preferencia, mejor no miro fijamente a hombres (algunos bastante atractivos) con alguna actitud de coqueteo o a mujeres ni siquiera para ver que ropa traen.
Sería un gran chasco.

Más adelante, entre el tramo del Ángel a La Diana, los contingentes de marchas han visto pasar el tiempo. Desde las que rezaban "voto por voto, casilla por casilla" del ex candidato a la presidencia Andrés Manuel López Obrador (para la cuatiza, AMLO) hasta las marchas blancas, para protestar por la inseguridad.
Las furiosamente calladas caminatas negras del 25 de noviembre contra la violencia a la mujer y hasta las coloridas manifestaciones gays con sus carros alegóricos de hombres y mujeres semidesnudos bailando y alzando la voz por sus derechos.

Tengo tantos recuerdos... En el cine que está enfrente de la Diana, ví Slumdog millionaire con el francés del año pasado. Estaba sorprendidísimo de que en México las palomitas llevaran caramelo. En el que está más adelante, en la calle de Río Guadalviquir, tuve una de las experiencias más bizarras en un cine: ví unos viejitos (hombres) metiéndose mano en la función de una película tan dulce como "Away we go".

También en ese cine, mientras veía "Ma mere" de la novela de George Bataille, me di cuenta que todo lo que había cultivado en esa relación, se había acabado. Ví llorar a mi acompañante durante "Paris je t´aime", recordé viejas (y amargas) experiencias con "An education" y me quedé con cara de idiota en el final de "A serious man" (caí en la trampa de los Coen... otra vez).

Pero lo que últimamente me tiene enamorada, es la glorieta del Ángel. Es curioso como la vida rápida del defeño, no permite que admiremos algo tan hermoso y en la que reside parte medular de nuestra historia nacional. He pasado demasiadas veces y jamás había siquiera considerado cruzar la calle para sentarme en su escalinata (de perdida).

Hace una semana lo hice y fue increíble. No sé si era porque me sentía de un especial humor, la persona por la que estaba acompañada o la tarde sin smog, pero la vista es distinta. Los ángulos son nuevos, las personas se ven diferentes...

Ayer lo hice de nuevo y descubrí que ese es mi nuevo rincón favorito de esta ciudad de locos. Es como un pequeño espacio donde los carros no hacen ruido, el atardecer es diferente y las pláticas fluyen como si de agua se tratara.

Mi nuevo proyecto es subir las 200 escaleras hasta llegar al barandal de metro y medio que custodia a ese ángel con la mirada perdida.
Si alguna vez van y ven visceras tiradas en los escalones, ya saben de quién son.

8 comentarios:

JuanP... dijo...

Que bonito post, pero como soy malvado, te voy a contar unos chismes, yo te gano en la distancia recorrida de Reforma, he caminado desde mas adelantito del Hard Rock Cafe, hasta Insurgentes igualmente, y ya he subido a los pies de aquella Victoria, la vista es sorprendente y hermosa, aunque solo sea por unos minutos, vale la pena subir cada escalón de esa columna.

Espero lo hagas pronto y que tu misma nos relates con otro lindo post...

Saludos! (n_n)

Uno de los Condenados dijo...

Jejjejee, sin duda a la par del D.F, en todas las ciudades debe haber partes y rinconcitos que por el ajetreo de la vida diaria ni tomamos en cuenta, pero que están ahí con los brazos abiertos para aquel que sepa darse un tiempo y apreciar y dar un lugar en su vida a semejantes espacios.
Un día de estos que vaya por aquellos lares, procurare seguir tu recorrido ;)

Saludos

L De dijo...

cuando vuelva al df, que hace muucho que no voy voy a subir los escalones y que lindo post, por cierto despues de lerr tu post anterior vi ghost world y si esta genial sobre todo me gusta que al final si se va

un besote!!

°Luz de la noche° dijo...

Muy buen post!
Definitivamente yo también te podría contar mis experiencias en esos mismos lugares. Definitivamente uno de mis favoritos de DF, aunque caminar por las calles del Centro historico sigue ocupando el 1er lugar para mi.

Te faltó el otro mote de AMLO, "el peje" xD
En Angel creo q lo conozco bastante bien, definitivamente es hermoso y digno de visitarse.

PD: A mi me gusta mucho ir a comer a Zona Rosa xD

Botica Pop dijo...

pues si son competencias, yo he caminado desde el auditorio hasta el metro hidalgo! les gano :P

me encanta reforma y odio que el angel tenga de fondo un comercial... dependiendo de donde lo veas, de hsbc, sheraton o american express. cerdos.

Concertina dijo...

Es lindo tener tu lugar y más dentro de esta ciudad que da miedo (te lo dice alguien de provincia). Y digo yo tengo que adoptar el metro como "mi lugar", simplemente espero cuando este solo y créeme que se disfruta.

Virgilio Manuel Ceballos dijo...

jajajja.. pues si deseas nos lanzamos en bici a disfrutarlo..a mi me late lanzarme a tomar foto pues el centro de esta capital ha estado quedando muy bonita o será que comparto la misma sensación de querer y admirar lo que hay a mi alrededor....?¡? ahi nos leemos..

Cuidate mucho!!!

M.

Jair Trejo dijo...

Jeje, un día que nos encontremos te saludaré, a mí tambien me encanta caminar por ahí.