martes, 8 de junio de 2010

El 23 de mayo hubo pastel y funeral

El 23 de mayo fue cumpleaños de mi mamá y mi hermano (sí, de ambos; bailemos yakety sax). La cosa es que ese día la pasamos muy contentos: mis tías vinieron al festejo que fue en San Juan de Aragón (un bosquecillo jocoso en medio de la ciudad) y comimos pizza; más tarde  degustamos  el pastel, nos quedamos con ganas de que el merengue le llegara hasta el cerebro a mi hermano (no nos dejaron empujarlo por la pequeñez del pastel)... en fin, las típicas cosas que se hacen en una celebración de este tipo.
Quien diría que más tarde estaríamos conmocionados. En la noche, mientras caía una tormenta con todo y rayos, nos enterabamos de que mi tío materno El Flaco, había muerto horas antes de un infarto fulminante.
En serio sigo sin entender este asunto de la muerte... El día que celebrabamos dos nacimientos, alguien moría.
Hacía un año y medio que no lo veía; él tenía un carácter dificil y recuerdo que siempre salía de pleito con mi mamá por la nimiedad más boba del mundo, aunque era cierto que se querían mucho.
Y a mi me dolió particularmente la idea de que tenía un año y medio que no lo veía. Aún con su mal genio puedo decir que era un gran tipo. Él fue al festival de rock y ruedas en  Avándaro, y yo lo admiraba por eso, porque fue el único de sus hermanos que se atrevió a ir, sin importarle ser el blanco de castigos de mi abuelo.
Lo recordamos por su voz característica: algo cavernosa y grave. A mi hermano le decía Yoyo, a mi hermana Gorda y a mí, Delgada (aunque después caí en la categoría de Gorda, cosa que no me agradaba del todo). Curiosamente llegaba a la casa el día que mi mamá hacía migas (o hacía migas porque llegaba su hermanito chulo, como ella le decía).
Creo que a mis tíos les dolío la ausencia y que no era frecuente que se expresaran afecto. Les dolió que hacía un mes hubiera estado internado en el hospital (mi tío era enfermo cardiaco de hace muchos años) y que no quiso que ninguno de sus hermanos se enterara. Les dolió que se abrazaran poco, que se dijeran "te quiero" poco, que las pláticas profundas fueran pocas, que básicamente supieran muy poco de su vida actual.
Mi papá lo quería mucho. Cuando se veían, mi tío llegaba con cara de pocos amigos; mi papá le decía: ¿qué cosa traes, pinche flaco? Y él le decía: Ya vas a empezar, pinche gordo... Y entonces se salían a fumar sus infinitos cigarros y a platicar como verdaderos amigos. Mi papá no pudo estar en su funeral por cosas del trabajo, y creo que eso realmente le dolió.

Yo no entiendo este asunto de la muerte...
Dicen que mi tío había dejado de fumar, que se tomaba sus medicinas a tiempo, que le había cambiado el humor y que era más alegre. ¿Es que cuando decides cambiar tu vida, llega Pifas y te dice, too late, dude... ? ¿Es que vale la pena cambiar?
A mí, la que me dolió profundamente fue mi mamá. La cara de tristeza e insatisfacción, el hecho de querer abrazar a sus hermanos, decirles que los quería y recibir algo similar, y que gracias a la educación de hierro distante, uno de ellos sólo le extendiera la mano y le dijera, yo también (aunque sepamos que sí la quiere, es sólo la educación), la frustración de no recibir la respuesta adecuada... Y la tristeza de que hacía un año y medio no hablaba ni veía a su hermano.
Por Dios, eso realmente frustrante, maldita sea...
Yo por eso, cada vez que veo a mis hermanos no los dejo ir sin decirles que los quiero. Bueno, no los quiero, los amo profundamente.
Y espero que lo sepan. Yo creo que sí.