viernes, 10 de septiembre de 2010

Lo que pasa cuando sucede

Hoy, un hombre del que me formé una buena opinión y elevó el expectativómetro, me preguntó si alguna vez había tenido detalles románticos con los que fueron mis parejas. Fuuu, tema espinoso para mi: Pensé, me acabé el menta-latte-grande y no conseguí recordar ninguno.
Luego de un tiempo, pude retomar el recuerdo atorado de un 14 de febrero en el que hice uso de mis más queridas y desarrolladas habilidades y escribí un cuento surrealista de amor. Quedó para la posteridad en mi, porque hasta la fecha es uno de mis cuentos más queridos; en su posteridad no lo sé y tampoco me interesa acordarme.
Antes lo había publicado aquí, (por si ya lo habían leído en este espacio) pero quisiera hacerlo de nuevo porque me trajo buenos recuerdos. Del tipo de cosas que hago cuando estoy enamorada. 
Disfruten y comenten. 
O algo.

Espero que veas un pingüino volar
Un día me levanté y vi pingüinos estrellarse en mi ventana. Pensé que seguía soñando, y traté de cerrar los ojos para atraer de nuevo la suave modorra que sujetaba mi cuerpo a esa hora. No pude, ahora un perro danés tocaba mi puerta, con un ramo de corales entre sus fauces.
Me dio miedo, como pude me vestí rápidamente y salí a recibirlo. Llevaba una nota en papel rosa, demasiado pálido como para no confundirlo con blanco; decía en grandes caracteres que me amabas y que sólo esperabas una respuesta.
Despedí al gran danés con la condición de que me dijera quien era el dueño de esas extrañas intenciones. El danés titubeó un poco y mis ojos se emocionaron sin mi permiso; de repente volteó y su gran hocico ladró asustado hacia un pingüino que se estrellaba de nueva cuenta en mi ventana.
No pude evitarlo, el corazón me latió tan fuerte que el danés se espantó de nuevo; se fue vociferando no sé que cosa y movió su cola hacia el horizonte.
Mis ojos no podían creer lo que estaban viendo...

Recordé que días antes volaba por un cielo cuando vi algo que me llamó la atención; bajé de prisa, pues mi curiosidad siempre me ha matado y miré un ser sentado en una jardinera con corales de colores. Me acerqué y noté que era un hombre, pero no uno cualquiera, éste sabía leer y le tenía sin cuidado que yo estuviese cerca.
Sí, recuerdo que cuando levantó la vista, sin preguntar nada, me extendió el libro que sostenía, lo miré y pensé que era la persona más maleducada que podía encontrar, aún así me intrigó lo que había escrito en ese libro que con insistencia me ofrecía: HOLOCAUSTO.
No había nada más que esa palabra.
Di la media vuelta y me fui como si huyera de la vida. Mis pies se habían vuelto de agua y sentí tanto miedo, que las lágrimas derramadas formaron el río que ahora pasa por delante de mi casa. Llegué a mi cielo, y di vueltas toda la tarde; apareció una luna tan pálida y tan rosa, que dudé de mi abuela cuando contaba que la luna era azul.
La palabra holocausto jugaba a la rueda a mí alrededor, mis ojos charlaban y decían que aquel hombre era algo y al mismo tiempo nada, era vida y también muerte, era fuego y hielo, era pingüinos chocando en un cielo privado, nuestro cielo. Mi cielo.

El holocausto era él, todo quemado holo= todo, caustos= quemado. ¿Era él el holocausto o era yo?
Regresé a mi realidad, mi tiempo presente. Me vi sosteniendo un ramo de corales y viendo a un danés asustado y violento en el horizonte. Supe entonces que el holocausto de mi vida estaba a punto de llegar cuando el fénix que vivía en mi corazón despertó.
Corrí a buscar al hombre más maleducado del mundo. La desesperación se apoderó del fénix, gritando que no podría renacer si no encontraba un momento seguro para volver a crearse.
Reí porque sabía que en algún lugar de la quinta dimensión, estaba ese hombre sentado en una jardinera de corales de colores, leyendo un libro con una sola palabra.
Y estábamos en otra ciudad bajo nuestro propio cielo. Los pingüinos aterciopelados nos veían tras la ventana; bailaban celebrando así, el nacimiento de un amor sideral.

4 comentarios:

STELLA dijo...

Ohhhh! bastante interesante tu cuento, aunque se que para la mayoria no tendra tanto sentido como para ti, pero qué rayos, asi pasa cuando nos enamoramos... o creemos que nos enamoramos.

Me gustó. Saludos

L De dijo...

pues esta muy interesante el cuento, si muu surrealista pero lindo, bueno es sobre el miedo pero es lindo y me gusto!

un besote!!!

La Maquinista Yey★ dijo...

como olvidar los pingüinos!!!! morí morí morí de amor aquella vez¡¡!!! buenisimooo!!!!

Un saludote!!! ando de excelente humor porque retorno de unas cortitas pero merecidas vacaciones de quedarme en casa en la cama, comer helado de limón y ver tele!

Anónimo dijo...

Muy bello, te felicito! Las cosas que puede llegar a hacer el amor, creo que alguna vez me llegue a sentir de esa manera, me hiciste recordar ese momento, gracias!