martes, 26 de enero de 2010

De misterios y disculpas no pedidas, pero puntualmente ofrecidas

Aprovechando la melancolía que me ha acosado últimamente, recordé los sucesos y acontecimientos que cimbraron un poco mi vida el año pasado. La más reciente, el misterio del pilar perdido... (al que por más vueltas que le doy, no logro entender el porque de los acontecimientos... que alguien me explique. O no)

Como es usual (no sólo en mí, admítanlo), es más fácil adoptar el papel de mártir y saqué añejos rencores contra los que me perjudicaron o hirieron.

En realidad no fue tanto así. Es decir, la mayoría de las ocasiones pude haber evitado terminar herida, y no sólo por alejarme o hacerme la fuerte que no siente nada, sino porque vi venir el madrazo (muy al estilo del Coyote y el Correcaminos) y sólo lo esperé estoica y abnegadamente.
Aunque también me pregunto que hubiera pasado si me hubiera quitado...
Hace algunos días en unas de esas casualidades de internet, reencontré al francés que ocupó mis primeros meses de 2009.

¡En serio me gustaba! había algo en él que nunca alcancé a comprender: era inteligente, bien parecido y con un gran sentido del humor (cosa que que pocas veces visto en un hombre). Pero en todo momento sentí que nuestros canales estaban sintonizados en diferentes frecuencias (the boys/girls just wanna have fun)... Así fue, y yo lo sabía.
En lugar de quitarme dejé que la situación me bañara de pies a cabeza. Cuando empezaba a sentir algo, nos alejamos porque la "libertad" se veía amenazada. Hice como que no, pero eso me dolió (poco, pero consistente).
Y quizá así fue con algunos otros.
La ecuación, {[(salida+salida+mensajes+mensajes= me desaparezco)]}, cobró fuerza en el último año. Y la cosa es que nunca entendí por qué... Y viene de nuevo el consuelo de "A él no le gustas tanto".
Es que quizá soy demasiado inteligente...(¿ Será que no soy tan inteligente?)/ Quizá no soy tan bonita/soy demasiado troll/ soy muy ingenua/-"es que eres muy tierna"& "eres demasiado dura para mí"...

epic fail.
Dicen... diiiiiceeeeeen que cuando apuntas con un dedo, otros tres te apuntan a ti...

Yo no me había enterado, pero el año pasado jugué exactamente las mismas cartas con personas que no se lo merecían. A las que sólo les dejé de hablar y me aislé porque no tuve el valor para cortar cualquier avance de frente. Porque me dio miedo herirlos y fui tan cobarde que con eso, lo único que logré fue (no lo sé de cierto, lo supongo) que las mismas preguntas y cuestionamientos sobre sí mismos cruzaran por su mente.
(Y ahora me siento mal, pero no es algo que aún pueda arreglar)
O quizá sí.
Si alguno de los aludidos lee esto, quiero ofrecerles una disculpa. No me justifico, pero sepan que no fue por alguna clase de maldad que habita en mi corazón, fue puro miedo irracional.

O quizá es que me falta madurar...
(Monterrey-DF)

jueves, 21 de enero de 2010

Me enamoré en la cola de las tortillas

Bueno, en la barra del antro...

Platicando muy tranquilamente, de repente mi amiga me dijo con tono entre indignado y burlón: "no quiero que me vuelvas a presentar amigos en fiestas. Con el último salí, nos llevamos súper bien, nos mandamos mensajes... y luego no me volvió a buscar... " Y yo que lo recomendé tanto, hasta pena me dio.
Y es que el ligue de fiestas y antros, es una cosa harto curiosa. Dos individuos (hombre-mujer, hombre-hombre, mujer-mujer, quimera-o algo) se localizan.

Fase1. Se echan miradas, primero despistadas, luego "seductoras" (mucho depende del grado de alcohol), se hacen los graciosos, se ríen muy fuerte, hacen una demostración maestra de cómo se baila la lambada y al final se topan por accidente en la barra-cocina de los tragos.
Fase 2: Empieza una plática que desemboca en una sesión de bocinazos y un intercambio de teléfono donde hacen promesas que jamás se intentan cumplir. "Te juro que te llamo, cómo crees que se me va a olvidar una chica tan bonita como tú". "En serio, te juro que nunca había platicado tan bien con un chico"
(Insisto, todo depende de cuanto alcohol haya en el estomago de los implicados).

Pero bueno, en el mejor de los casos esa es la historia con final feliz. Quizá un mensaje tres días después (porque si no, -dicen los que saben- se corre el riesgo de que se pueda interpretar como vulnerabilidad... o urgencia pues), un café, una ida al cine y a la tercer o cuarta salida, ya se puede pensar que hay una remota posibilidad de que aquello quizá, quizá pueda convertirse en otra cosa.

Pero vamos! Como decía, ese es el final feliz. (Y todos sabemos que los finales felices sólo son concebidos por mentes perturbadas como la de Disney, Carla Estrada y Juan Osorio).

Lo que en realidad hay tras un ligue de fiesta o de antro, es una oportunidad barata (no en todas las ocasiones pero sí la gran mayoría) de que la autoestima y el ego se vean levantados tras la confirmación de que a alguien que no sea la dupla de oro mamá-abuelita, le parezcas atractivo (a).
Aceptémoslo, la posibilidad de que algo así trascienda es de una en un millón por varias razones:

1. ¿A qué vas a una fiesta? ¡A divertirte!
Ergo, ¿qué quiere una persona que liga en una fiesta? Complementar la diversión y tener algo que contar al otro día.
2.Recuerdo que hace muchos años (cuando acababa de entrar a la universidad) mi hermana me dijo que si esperaba conocer gente en los antros de enfrente de la escuela (que por cierto, abundan) estaba muy equivocada. Lo único que iba a ligar era puro borracho. (dios, cuanta razón tenía).
3. Así como te pidió tu teléfono, en la siguiente fiesta seguro se lo pedirá a alguien más. Es un hecho.

Pero a final de cuentas, esa es mi opinión. Así que hice una pequeña encuesta tuitera (en la que participaron 19 entusiastas) y esto fue lo que salió:
Pregunta: Los ligues de fiesta y antro tienen posibilidad de transformarse en una relación?
Sorprendentemente los resultados quedaron así:

: 8; NO: 6; DEPENDE: 5

Lo que me hace pensar que mis followers aún son gente muy dulce... NOT.

Mención honorífica a los tuits de:
@Cynthiacpf : sí, definitivo. Me casé con el ligue de un antro y eso que iba con todo y novia. ¡Ups!
@tuiteroanónimo: Yo creo que a una fiesta vas a divertirte y a pasarla bien. No veo la necesidad de que terminen en algo formal, qué flojera :)
@fablemx: Si al dia siguiente te das cuenta que era hombre, no.


Creo que no hay conclusiones. Me di cuenta cuando le pregunté a mi mamá (siempre pendiente de las pavadas que escribo) y ella, la mayor detractora del amor romántico y rosa, me dijo: SÍ puede trascender un ligue de esos.
Dios mío. (Pero ella conoció a mi papá en un deportivo mientras jugaban basquetbol, así que tampoco sabe...)

O será que yo nunca he visto trascender una historia de esas...
En fin, cada quién habla como le fue en la feria.
O algo.

martes, 19 de enero de 2010

Si ven un Koothrappali, ¡avísenme!

Yo debería tener un novio como este:


Raj Koothrappali! (O Kunal Nayyar en la vida real)

No es que sea malinchista, sino que me gustan los habitantes de la India (bueno, no todos, sólo el buen Kunal)
Y la verdad es que no tengo nada que escribir y el blog lleva mucho tiempo inactivo. Mañana habrá un post de calidad, o al menos algo decente que leer.
Mientras, suspiremos con este ideal y bello hombre que no es indio, sino inglés (por cierto).
(Y cualquier información de alguien parecido, por favor remita la información a este blog. La autora lo agradecerá infinitamente con dulces de mantequilla)
o algo.

lunes, 11 de enero de 2010

Hobbes, no entiendo este asunto de la muerte...

Hoy en la mañana, México despertó con una noticia triste y para mí, con una reflexión trágica. Unos de los empresarios más prominentes del país, Moisés Saba, murió en un accidente aéreo junto con su esposa, su hijo, su nuera y el piloto del helicóptero en el que iban.

El episodio es trascendente de por sí, porque los Saba son una familia de mucho poder, y como todos los poderosos, odiados por muchos. Pero la reflexión en mi caso, es sobre la percepción de la muerte en sí, y sobretodo de la muerte que nos es ajena.
Cuando oí la noticia, confundí una letra y pensé que se referían a otra persona, por lo que lo primero que se me vino a la cabeza fue: "voy a tener un montón de trabajo".

¡Por favor! Lo primero para mí fue sopesar la carga de trabajo, cuando alguien en otro lado de la ciudad estaba deshecho por la muerte de sus familiares. No quiero dar a entender que yo también debía estar deshecha, pero el caso en sí, es que quizá hemos perdido un poco de sensibilidad y la noción de lo que significa una muerte. Ya sea para la familia más adinerada de México o para quién vive en la sierra en una casa de madera.
Otro cara dentro del mismo caso, fue algo que leí en la columna de Federico Arreola (periodista polémico por sus marcadas inclinaciones políticas). En ella, hablaba sobre el accidente y daba el pésame a la familia Saba.
Uno de los comentarios al respecto por algún lector, fue congratularse por la muerte del señor, por "empresario explotador". Yo no creo que haya sido un santo, puesto que para forjar un imperio de esa magnitud siempre se pisan cabezas, es verdad. Pero de ahí a festejar... vamos, no era un terrorista o un dictador fascista.
¿Es que el sistema nos empuja a sentirnos satisfechos por este tipo de acontecimientos? ¿un opresor de las masas, menos?

Por poner un ejemplo (quizá un poco burdo) recuerdo que por ahí de mayo del año pasado, mi hermana y yo estabamos muy tristes por la muerte de nuestra perra Brandy.
Cuando nuestros sobrinos (de 16, 14, y 8 años) se enteraron, el más grande se rió diciendo que si en esa cajita estaba la occisa (la caja donde están sus restos), la "niña" de enmedio se conmovió ese día, y el más pequeño sólo hizo "ahhh", y siguió jugando.
Quizá no haya sido una muerte que haya sido un parteaguas en sus vidas, pero la sorpresa o la desazón por el fallecimiento de un ser con el que habían convivido no les hizo mella. Eso me pareció preocupante.
¿Es que de verdad nos está afectando oír noticias como "89 fallecidos en el norte en lo que va del año" o ver todos los días, fotos de cabezas cercenadas y personas acribilladas?
¿Ya no nos molesta o sensibiliza un poquito la desgracia ajena?

O será que la muerte nos molesta tanto que preferimos (muy a la mexicana) burlarnos de ella e ignorarla.
La verdad, no tengo respuesta para esto. El tema de la muerte es intrincado y difícil y preferimos no hablar de ello para espantarla y retrasar su aparición en nuestros caminos (ya sea directa o indirectamente).
No sé. Pero como dijo Calvin a Hobbes en su infinita sabiduría:
-"Yo no entiendo este asunto de la muerte"-.

(Y sí, aunque no los conozca, me parece terrible que una familia pierda a cuarto integrantes de un jalón. Y que otra que no tiene apellido renombrado, haya perdido a un ser querido. Lo lamento en serio.)

lunes, 4 de enero de 2010

Lo que yo más quería...

Para mis queridas, queridisísimas
Arlett (1), Faby(4), Lucy(7) y Ángeles(5) que
cumplen años esta semana.

Era una carreola. Y nunca hubo tal.
Esa fue la única petición que se repitió durante años en mi carta a los Reyes Magos: una carreola. La dibujé, coloreé, escribí claramente y jamás llegó a los dominios de debajo de mi árbol. Llegaron bicicletas, patines, muñecas, dulces, juegos de té, pero nunca la desgraciada carreola.
Ojalá los Reyes Magos supieran que este tipo de traumas repercuten en la adultez... Por ejemplo, mi perspectiva de tener hijos de aquí a 20 años se reducen a 0 al cuadrado.

Lo que yo más quería era cocinar galletas. Un mal día mi mamá me compró una revista de Barbie que incluía un recetario. Y yo me empeñé en hacer galletas.
Así que acabé con kilos y kilos de harina, royal, chocolate, litros de leche, gas y agua. Y esas galletas terminaban como hot cakes mal hechos mientras mi amorosa familia fingía que estaban buenos. Hasta que un día mi hermana me dijo que las "galletas" de plátano apestaban (palabras más, palabras menos).
Y nunca más quise cocinar.

Lo que yo más quería era jugar básquetbol. Y entrenaba, Dios sabe cuanto entrenaba. Estaba en la selección de la primaria "Benito Juárez" y jugaba como poste. Nunca he sido muy buena en deportes de equipo (prefería el atletismo, por ejemplo) pero había algo en el balón que me hipnotizaba y hacía que me esforzara.
Cuando iba en cuarto año nos mandaron a un torneo a la escuela vecina. Pero no iba el entrenador principal, iba una profesora que no sabía de deportes y sólo estaba en calidad de cuidadora. Y pasaron, pasaron los juegos y ella no me metió a jugar.
Todas jugaron menos yo. Ganaron el tercer lugar en el torneo.
Y nunca más quise jugar básquetbol.

Lo que yo más quería era escribir. De lo que fuera...
Leía historias de hadas y princesas, dragones y monstruos. Y quería escribir cosas parecidas.
Hasta que un día tuve mi propia computadora y escribí "el extraterrestre que un día soñó" cuyo personaje principal era una niña que conocía a un extraterrestre e intentaba irse con él para librarse de la tarea de la escuela.
Hasta que tuve la ocurrencia de prestar mi trabajo y meses después, cuando lo metí a un concurso, me enteré que la misma persona a la que le había hecho el favor, (y consideraba una gran amiga) había metido el mismo cuento (sólo con los nombres cambiados) al mismo concurso.
Pero a pesar de eso...

Siempre y para toda la vida quise escribir porque sabía que las letras eran mi vocación, mi eterno amor y algo por lo que valía la pena luchar.
Y estoy segura que eso es una de las cosas que alimenta mi espirítu.
Y me siento muy, muy afortunada.
O algo.

POST SCRIPTUM.
Horas después de escribir esto, me doy cuenta que estaba yo muy sentimental. A pesar de que sea todo cierto (lo de la escritura et al) no justifica la mamarrachada última. Prometo que el próximo post será a la altura de lo que siempre se escribe aquí).
Nah.