miércoles, 29 de septiembre de 2010

No es que me ofenda, pero sí

Como a muchos no les importará, uno de mis mejores amigos, Israel (al que llamo cariñosamente "mi marido") es gay. Él tiene una frase (que no sé si inventó pero me gustaría rescatar): Si las minorías queremos respeto, tenemos que respetar a la mayorías. Nunca he estado más de acuerdo que hoy.
Por lo regular, soy una persona respetuosa. No diré que voy en el metro y pienso en la inmortalidad del cangrejo, pero las críticas las guardo en la comodidad de mi pensamiento, porque:
1. Diablos, no soy perfecta.
2. Las personas a las que critico no tienen por qué enterarse de lo que estoy pensando. Utimadamente, me importa un bledo si un wey quiere pasearse en la ciudad con un atuendo verde limón con sombrero vaquero a juego (algo totalmente verídico).
La cosa es que me subí al metro y como me dirigía a hacer una entrevista, iba medianamente peinada y vestida (blusita medio formal, pantalón de mezclilla). Pero quiso el destino que me sentara al lado de unos muchachos gay; no hubiera tenido ningún problema al respecto (porque de homofóbica tengo lo mismo que de japonesa) si no fuera porque todo el camino se la pasaron criticandome descarada y feamente.
Al principio no me había dado cuenta, hasta que noté que me veían mucho (yo iba escribiendo). Primero dijeron que ni me debería de molestar en comprar en Zara (la blusa es de la marca), porque  en mí deslucía la ropa. Luego hablaron de lo mal que se veían los zapatos morados (color de mis ídem). Más tarde dijeron que los pupilentes ya ni se usaban (wait, what??!! Mi color de ojos es natural, pendejos!).
Para rematar, el que iba sentado al lado de mi, volteó completamente hacía mi y dijo: "Pues da el gatazo pero yo creo que ni en rifa sale".
Quise hacerme la desentendida porque enfrentarlos hubiera sido equivalente a mostrarles que su objetivo (lograr ofenderme) había sido un éxito. Aunque lo fue, no dejo de pensar, ¿cuál era su problema, par de dañados? Yo en ningún momento los ataqué u ofendí, simplemente no tenían nada que hacer y su pasatiempo del momento fue darme en la madre.

Y menciono que eran gays, no por hacer una distinción, sino porque he observado que a cierto sector de estos chicos, (quiero ser muy delicada, por eso digo cierto sector) se les da la crítica segura y descarada gratuita. Una vez mientras tomaba café con mi hermana en Zona Rosa (lugar en donde se centra la comunidad gay) en la mesa de al lado unos chicos le gritaban groserías y aventaban bolitas de papel a todas las mujeres que pasaban por ahí. Ellas no les dirigieron la vista, su única falta fue pasar por su camino. O como aquella vez que iba en el metro y otros  chicos hacían críticas horribles de las mujeres gordas (que ellos llamaban "taka-taka") cuando al lado iba una chica gordita. Y como esas, muchas anécdotas más.
Muchachos que hacen de ésta su práctica de esparcimiento, no sean así. Me hubieran destruído el día de no ser porque tenía una entrevista muy importante y  pudieron más mis nervios que mi baja autoestima. Yo (al menos) intento ser respetuosa; primero, porque la discriminación es una práctica arcaica y  pendeja; segundo porque me dolería muchísimo que ofendieran a Israel sólo por ser gay.

Ojalá que no se malinterprete mi comentario, simplemente es una queja porque al final del día sí me lastimó que me agredieran nomás porque sí. A toda la gente que pide respeto, respeto debería regresar.

jueves, 23 de septiembre de 2010

Oda sobre mi amor a la UNAM

Yo tengo una casa y esa casa se llama UNAM.

Ahí viví ocho años y aprendí cosas importantes, como que el Quijote de la Mancha es una obra de crítica social,  que holocausto es una palabra griega que significa todo quemado, sobre un señor que se apellidaba Pavlov e hizo experimentos con un perro. Los siguientes cuatro años, aprendí que las cabezas de una nota no llevan artículo porque les resta impacto, supe como se hace una nota informativa; me enseñaron epístemología y herméneutica, aprendí que Gabriel García Márquez sólo tiene un libro interesante y lo demás es mierda repetitiva.
Pero la UNAM no sólo me dio eso. Me enseñó que un maestro no lo sabe todo sólo por estar detrás de un escritorio. A rebelarme contra la mediocridad de profesores que venden sus calificaciones por una tinta para impresora. A demostrarme a mí misma que soy una profesional y no una tontita de ojos bonitos como me dijo una profesora alguna vez. A trabajar por mis objetivos; me enseñaron que debo encontrar mis propios recursos si quiero alcanzar mis metas. Que la palabra imposible no existe.
En sus salones también aprendí lo complejo de la palabra amistad; que existe una Areli, un Israel,  Sandra, Beto, Pifas, Adrián, Magdalena, Norma, Verónica, Sarahí, Pepe Toño, Nahúm y Jonathan que son personas maravillosas a las que amo y que están tatuadas en mí de por vida. Me enseñó lo profundo de la palabra amor con Alejandro. Que un café no sólo es eso si lo compartes. Que los cigarros son sagrados (sobre todo en los días de examen), que la chela (cerveza) no se desperdicia y que las horas libres son perfectas para ir al billar.
Gracias Universidad Nacional Autónoma de México. Porque viví años increíbles en la Prepa 9 y por hacerme una profesionista que ama su carrera en la Facultad de Estudios Superiores Aragón.

100 años de la UNAM y lo que le falta: máxima casa de estudios, mi alma máter y el amor de mi vida.

miércoles, 22 de septiembre de 2010

Una vez más: The Beatles y su cuchara

Diré la verdad y sólo la verdad. No le agarro sabor al Tumblr. 
El lunes abrí una cuenta porque tenía un poquito de tiempo y me causaba curiosidad, pero  a mi  parecer, el diseño, la forma de postear, todo me desespera. Esa cuenta la quería usar para publicar cosas como la que hoy les presento.
No es un escrito típico de este blog, más bien es un ejercicio literario en pos de retomar la escritura a mano (que hacía mucho no practicaba). 
Quedó un cuento que es sólo eso: un cuento con el que me divertí y calenté el cuaderno. Ojalá que pueda ofrecerles más de eso que nace en papel. El título está perversamente pirateado de una de mis canciones preferidas de The Beatles. Perdónenme por eso y, pues ya.
Hagan favor de ser felices.

Hello/Good bye

No decidí subirme al tren porque el cielo estaba amarillo. Tú te ibas, yo me quedaba.
Me dijiste adiós a través de la ventanilla, pero para mi, los rieles perfectamente separados por la grava, indicaban la perfecta angustia de una decisión fallida.
El cielo estaba amarillo y yo te seguía queriendo con la seguridad incierta de los gatos al caer del tejado.  El tejado era mío, lo dominaba, caminaba con paso lerdo e intranquilo. Y no me quise subir al tren porque paradójicamente tú estabas trepado diciendo adiós.
¿O era: vámonos?
¿O era quédate?
O era nada.

En la nada pensaba cuando recordé lo que elegantemente me dijiste en alemán la primera vez que nos besamos: “träumt mit mir” (sueña conmigo)  ¿Soñar? Si yo ni sueños tengo, menos contigo y menos en alemán.
Desperté y sólo vi tu imagen desde la barandilla diciendo adiós. Y vista desde fuera, yo era la sombra triste, parada en la estación antigua.
“Siempre he querido viajar en tren” te dije una tarde mientras llovía y jamás nos dimos cuenta. Me abrazaste como si fuéramos cómplices en el reto de estar al lado. Me sentí tan cerca que si hubieras dicho “ven” no me hubiera movido.
Y de verdad quise abrazarte, no miento. No quiero estrechar una figura invisible como había pronosticado la primera vez. Quiero hacerlo como el día que la ciudad se encendió y por un segundo, alcé la cabeza y el cielo se volvió amarillo.
Eso me trajo de vuelta, el cielo y el silbato puntual y agresivo. Otra vez estaba en la estación despidiéndote; los rieles perfectos te llevaban lejos.  Siempre he querido subir a uno.
¿Sientes mi angustia? Te grité mientras corría al lado del vagón negro con vivos rojos. Y el tren empezaba a moverse.
Quise que tu mano envolviera mi mano, como la tarde en que la mía estaba fría y la tuya era cálida.
¡Demonios! ¡En serio quería tu mano! Pero el brazo completo se fue contigo en el imaginario de mis ideas.
Y fue entonces que mi angustia encendió la estación solitaria por la que ya casi no pasaban trenes ni fantasmas. La estación ardía y tú te ibas; no había nada más.
Cuando el tren desapareció a lo lejos, comprendí que en realidad nunca tuve los sueños que me deseaste en alemán. Porque la primera vez te los regresé, la segunda y la tercera sólo me los prometiste.
Ya no recuerdo si el cielo era amarillo o café melancolía. Me da lo mismo, te fuiste sin una promesa y sin adiós. Justo como debías.
Voltee y ahí estabas pero tenías otra cara. El sol se prendía poco a poco y las llamas se apagaron en mi cabeza. Te vi sentado con las manos apoyadas en las piernas, viendo en lontananza. Te pregunté por el tren y no me contestaste.
El chico se paró, miró a la chica y le dijo: “Por aquí ya no pasan trenes, ven”
Caminaron en ninguna dirección; ella agitó su cabello azul y mal cortado mientras sonreía como si hubiera encontrado algo en esa otra cabeza desordenada y de pelo mal cortado. Tomó su mano y ella abrió los ojos sorprendida. La de Xaviera estaba helada y la de él estaba tibia, casi cálida.

viernes, 17 de septiembre de 2010

La Diabla soy yo, pero...

He tomado una decisión. De ahora en adelante no saldré con nadie que conozca vía twitter, blog y cualquier otra red social habida y por haber.
Hoy mientras platicaba con un (ahora lo puedo decir) querido amigo, me di cuenta de cosas que entorpecen mis relaciones presentes y futuras. Algo pequeñito pero muy muy importantito: 
En cierto momento me hice un personaje a través de La Diabla y no me di cuenta.
Hasta ahora pensaba que las pocas personas que a lo largo de este tiempo he conocido por esta vía, de alguna forma se decepcionaban cuando me conocían en vivo. No sé que tanto sea verdad, lo cierto es que en persona no puedo ser sarcástica, ni chistosita, o ácida todo el tiempo. 
En algunas ocasiones la cago y digo cosas tontas, soy torpe y se me cae lo que traigo en las manos, me tropiezo, me desubico si voy a lugares que no conozco, a veces soy menos elocuente de lo que parece, pido la comida para llevar porque casi siempre dejo tres cuartos de lo que me sirven o piso a la gente. 
Y si hablamos de emociones, tengo un miedo estúpido a enamorarme, necesito certeza de la persona que está a mi lado, me enojo si la gente llega 10 minutos tarde, y puedo morir por abrazar a una persona pero soy tan fría que no lo hago. O en caso de que me pregunten si alguien me "mueve el tapete" (frase noventerísima) digo que no, aunque sí. 
Soy una persona, chinga. Con todo lo que implica, rasgos positivos y negativos. Contradicciones, torpezas y brillanteces en todo caso.
Pero claro, si es alguien que lee este blog y después se quiere encontrar con la Diabla sarcástica, ácida y malhablada, puede que la encuentren un ratito porque a final de cuentas Diabla es la que escribe. Pero si esperan encontrarla todo el tiempo, pues básicamente estamos destinados al fracaso.
Bleh.
Dice mi amigo que deberíamos desaparecer a (pensemos que me llamo Xaviera) a ídem y dejar a la Diabla. Yo le dije cabrón y reimos mucho.
=)
Y eso es todo lo que tengo que decir al respecto.
Hagan favor de ser felices.
si no te gusta lo que soy, voltea para otro lado

lunes, 13 de septiembre de 2010

El Bicentenario ¿qué?

Supongo que hay que escribir sobre el Bicentenario. De hecho, hasta preparé un par de bromas de mal gusto al respecto que ya se me olvidaron.
Pero no lo haré.
1. Porque ya lo hice lo propio en este post.
2. Porque el bicentenario es la tontería más grande de la historia de México. ¿Debemos estar orgullosos de qué? ¿De que el narcotráfico tiene secuestrado al país? ¿Que nuestros gobernantes piensan que somos una bola de simios amaestrados (y probablemente lo seamos)? 
¡No somos libres! Sólo es una bonita mentira para sobrevivir al día a día. Somos esclavos del sistema neoliberal que nos paga a precio de risa, jornadas de más de 8 horas de trabajo; esclavos del gobierno que desaparece impuestos y del sombrero saca otros pero antes arma algún escándalo con que atraer la atención, del sistema educativo, de las televisoras y de nuestro propio desinterés. Nos puede caer un muerto encima y no nos incomodamos, sólo nos lo sacudimos y seguimos caminando.
Bravo! 
Pero bueno,si me preguntan, tampoco sé cuál es la solución al problema. El poder corrompe hasta al más justo y creo que ese es el veneno que tiene en el suelo a nuestro pobre país.
(suspiro)
         (Bueno, creo que más de dos ya tienen lista la navaja y el agua caliente y de eso no se trata) (¡mejor espérense hasta que gane Peña Nieto! Antes disfrute de la iluminación y los eventos, dicen que el Zócalo se ve divis divis)
Ok, ya.
Mejor veamos videos de Andrés Calamaro. Viene a México en octubre y gracias a mi situación económica no podré ir. 
Eso SÍ es para ponerse a llorar.
(Y pido perdón por el abandono de este cuchitril, olvidé cuando quiero a mi blogcito y a ustedes)




viernes, 10 de septiembre de 2010

Lo que pasa cuando sucede

Hoy, un hombre del que me formé una buena opinión y elevó el expectativómetro, me preguntó si alguna vez había tenido detalles románticos con los que fueron mis parejas. Fuuu, tema espinoso para mi: Pensé, me acabé el menta-latte-grande y no conseguí recordar ninguno.
Luego de un tiempo, pude retomar el recuerdo atorado de un 14 de febrero en el que hice uso de mis más queridas y desarrolladas habilidades y escribí un cuento surrealista de amor. Quedó para la posteridad en mi, porque hasta la fecha es uno de mis cuentos más queridos; en su posteridad no lo sé y tampoco me interesa acordarme.
Antes lo había publicado aquí, (por si ya lo habían leído en este espacio) pero quisiera hacerlo de nuevo porque me trajo buenos recuerdos. Del tipo de cosas que hago cuando estoy enamorada. 
Disfruten y comenten. 
O algo.

Espero que veas un pingüino volar
Un día me levanté y vi pingüinos estrellarse en mi ventana. Pensé que seguía soñando, y traté de cerrar los ojos para atraer de nuevo la suave modorra que sujetaba mi cuerpo a esa hora. No pude, ahora un perro danés tocaba mi puerta, con un ramo de corales entre sus fauces.
Me dio miedo, como pude me vestí rápidamente y salí a recibirlo. Llevaba una nota en papel rosa, demasiado pálido como para no confundirlo con blanco; decía en grandes caracteres que me amabas y que sólo esperabas una respuesta.
Despedí al gran danés con la condición de que me dijera quien era el dueño de esas extrañas intenciones. El danés titubeó un poco y mis ojos se emocionaron sin mi permiso; de repente volteó y su gran hocico ladró asustado hacia un pingüino que se estrellaba de nueva cuenta en mi ventana.
No pude evitarlo, el corazón me latió tan fuerte que el danés se espantó de nuevo; se fue vociferando no sé que cosa y movió su cola hacia el horizonte.
Mis ojos no podían creer lo que estaban viendo...

Recordé que días antes volaba por un cielo cuando vi algo que me llamó la atención; bajé de prisa, pues mi curiosidad siempre me ha matado y miré un ser sentado en una jardinera con corales de colores. Me acerqué y noté que era un hombre, pero no uno cualquiera, éste sabía leer y le tenía sin cuidado que yo estuviese cerca.
Sí, recuerdo que cuando levantó la vista, sin preguntar nada, me extendió el libro que sostenía, lo miré y pensé que era la persona más maleducada que podía encontrar, aún así me intrigó lo que había escrito en ese libro que con insistencia me ofrecía: HOLOCAUSTO.
No había nada más que esa palabra.
Di la media vuelta y me fui como si huyera de la vida. Mis pies se habían vuelto de agua y sentí tanto miedo, que las lágrimas derramadas formaron el río que ahora pasa por delante de mi casa. Llegué a mi cielo, y di vueltas toda la tarde; apareció una luna tan pálida y tan rosa, que dudé de mi abuela cuando contaba que la luna era azul.
La palabra holocausto jugaba a la rueda a mí alrededor, mis ojos charlaban y decían que aquel hombre era algo y al mismo tiempo nada, era vida y también muerte, era fuego y hielo, era pingüinos chocando en un cielo privado, nuestro cielo. Mi cielo.

El holocausto era él, todo quemado holo= todo, caustos= quemado. ¿Era él el holocausto o era yo?
Regresé a mi realidad, mi tiempo presente. Me vi sosteniendo un ramo de corales y viendo a un danés asustado y violento en el horizonte. Supe entonces que el holocausto de mi vida estaba a punto de llegar cuando el fénix que vivía en mi corazón despertó.
Corrí a buscar al hombre más maleducado del mundo. La desesperación se apoderó del fénix, gritando que no podría renacer si no encontraba un momento seguro para volver a crearse.
Reí porque sabía que en algún lugar de la quinta dimensión, estaba ese hombre sentado en una jardinera de corales de colores, leyendo un libro con una sola palabra.
Y estábamos en otra ciudad bajo nuestro propio cielo. Los pingüinos aterciopelados nos veían tras la ventana; bailaban celebrando así, el nacimiento de un amor sideral.

sábado, 4 de septiembre de 2010

5 libros que...

Seguimos con las listas.
Es gracioso porque justamente hoy iba a escribir un largo y desmotivante post sobre las relaciones a larga distancia pero al parecer tengo síntomas de gripa y eso me jode para escribir. Ya será lueguito
Esta vez, son cinco libros que amo; me doy cuenta que siempre recomiendo películas o música pero nunca libros, y como diría nuestro querido Germán Dehesa (QEPD), hoy toca. 

1. Tokio Blues. Haruki Murakami
El primer libro que leí de Murakami fue Norwegian Wood (su título en inglés). Personalmente voy uno a uno con el gran escritor de best sellers porque después leí Sputnik mi amor y no me gustó; pero Tokio Blues tiene un encanto distinto, se mete con la música de The Beatles de manera desfachatada, a la par de una historia que no es propiamente de amor. 
Soundtrack sugerido: The Beatles (por supuesto).
Quote: Soy de ese tipo de personas que no acaban de comprender las cosas hasta que las ponen por escrito.
2. ¿Olvida usted su equipaje? Jorge Ibargüengoitia
Antes que nada, debo decir que este libro marcó mi estilo para escribir. Ibargüengoitia fue  un gran periodista y cronista, viajero incansable. En este libro están recopiladas las columnas que escribió para el periódico Excelsior entre 1969 y 1976, dividida entre crónicas de México, del mundo y noticias en general, destacando de esta última, las crónicas sobre espionaje (que en ese tiempo estaba en auge). 
Soundtrack sugerido: Por la vena viajera, quizá el OST de Everything is illuminated
Quote: "...si trata uno con niños con frecuencia y durante mucho tiempo, corre uno el peligro de volverse imbécil."
3. Bola de sebo y otros cuentos. Guy de Maupassant
Debo confesar que cuando terminé de leer Bola de sebo, terminé irremediablemente encabronada (lo mismo que cuando leí Marianela o cada vez que veo El príncipe de las mareas) Pero, justamente terminé así porque Maupassant es un gran narrador que lleva de la mano al lector y logra la empatía con sus personajes. Luego de ese, viene una serie de hilarantes y a veces oscuros cuentos. Yo recomiendo El collar y La cabellera.
Soundtrack sugerido: Díficil, los cuentos están ubicados en el siglo XIX, pero por ser francés elegiría cualquier disco de Edith Piaf.
Quote: "Y la moza lloraba sin cesar; a veces un sollozo, que no podía contener, se mezclaba con las notas del himno entre las tinieblas de la noche"
4. Corazón: Diario de un niño. Edmundo de Amicis
Este fue el primer libro que leí y con el que oficialmente me enamoré de la lectura. Tiene una estructura muy sencilla: es el diario de un niño de ocho años llamado Enrique, en el plasma su visión de la vida junto con enseñanzas de su padre, que adjunta al diario así como los cuentos mensuales que su maestro les proporciona. Es tierno pero también es una gran opción para el lector neófito pues es una trama totalmente atemporal.
Soundtrack sugerido: Igualmente complicada elección. Sugeriría música étnica italiana.
Quote: "Yo te pido perdón por la palabra injuriosa, insensata e innoble que dije contra tu padre..." 
 

5. Arráncame la vida. Ángeles Mastretta
Sé que quizá aborrezcan esta elección, pero aclaro que lo leí muchísimo antes de que saliera esa basura de película, y que la estupidísima de Ana Claudia Talancón destrozara el personaje de Catalina Guzmán. Si ya vieron la película, sabrán que es la historia de la evolución de una mujer que, casada con un militar y político se da cuenta poco a poco de la dura realidad mexicana y de la suya.
Hace poco platicaba con mi querido amigo Adrián sobre este libro y le decía que después de muchos años, me di cuentra que no es que la protagonista fuera muy lista, en realidad era una oportunista amoral. Para mi fue dificil admitirlo, porque muchos años idolatré al personaje y a la propia Mastretta de la que, después de varios libros, noté que leyendo uno se leyeron todos.
Misma trama (una chica poblana atemporal a su época se enfrenta al mundo) mismo galán (ojete, cínico y encantador), mismo final (eso lo tendrán que descubrir ustedes). Eso sí, muy bonita narrativa.
Soundtrack sugerido: Cualquier bolerista, si desean ser específicos: Lucho Gatica, Toña la negra, Agustín Lara (por supuesto). Mis favoritos: Daniel Santos y Benny Moré.
Quote: "Y ustedes, ¿qué? -preguntó ella- ¿Se quieren o se van a querer?..."

Y ya. Saben  a donde dirigir sus comentarios que espero, mientras canto Cenizas con la gran Toña la negra.
Hagan favor de ser felices