jueves, 16 de junio de 2011

Montevideo y yo

Nota: Si es usted uruguayo y soporta la crítica a su país, siga leyendo. Si es usted argentino y le gusta la alabanza moderada a su país, siga leyendo. Si es usted mexicano y le da igual todo, siga leyendo.

El día que llegué a Montevideo, lloré en la noche y en la mañana.
No sé si porque fue un mal día para ambos (llegué un lunes, día en el que todo está cerrado), venía con expectativas muy altas o porque el síndrome del Jamaicón me atacó por fin, pero me sentí terriblemente triste, frustrada y sola. En Buenos Aires, como sea, estaba con mi familia, mi prima ha sido súper cálida y la ciudad es tan hermosa que duele. Cuando llegué a Montevideo me encontré con una ciudad gris, cayéndose de vieja, olorosa a gasolina y otro olor dulzón que no pude identificar pero que odié, y fría como la chingada (la sensación térmica era como de 7 grados).
No ayudó que el hotel en el que me hospedé estaba igual de viejo pero no bonito o cuidado. Parecía el recuerdo de un hotel que hace unos 40 años debió ser hermoso y elegante y ahora queda solo el cascarón de lo que fue (de repente me sentí en el capítulo de Los Simpson en el que Bart llega a Francia).
Lo único que me complacía es que estaba limpio (más adelante este detalle cobra importancia).

Salí a buscar un nuevo hotel. Algo de tres estrellas que al menos pareciera haber sido inaugurado hace 20 años; no encontré ninguno, regresé fastidiada, cansada y encabronada. Cuando estaba a punto de llegar a "Hotel Don Porfirio" entré a otro que también estaba en la misma calle (la 18 de julio, avenida principal  muy cerca de Ciudad Vieja, como el centro histórico) y me llevé un susto. Primero me preguntaron si quería habitación con baño propio. Le dije que sí, siguiendo el juego. Acto seguido me llevaron a ver la habitación y ¡dios santo! parecía que no la habían limpiado en mucho tiempo y el baño era un ASCO.
Cuando regresé a "Don Porfirio" vi la habitación como si fuera la del Sheraton.
La mañana siguiente amanecí muy deprimida. Nada era lo que yo pensaba, yo creí que me iba a encontrar algo parecido a Buenos Aires, con sus edificios art decó enormes, sus autopistas modernas, su Puerto Madero altanero y hermoso. Nada, niente, ¿me equivoqué de ciudad?.
Así que en la tarde decidí tomar el city tour.
Cierto, Montevideo no es tan moderno comparado con Buenos Aires, pero tiene su aire lindo. El malecón (que aquí llaman Rambla) es bello y la panorámica es incomparable. Lo que pasa es que aquí es todo un poco más sencillo, casero y sin extravagancias. Como comer una rica gelatina hecha por mamá. Tiene su propia hermosura, oculta a los ojos del que la quiere ver de un vistazo, pero innegable para el ojo conocedor; hasta me sentí identificada con ella.
Dicen que incluso, el presidente José Mujica (ex guerrillero tupamaro con el que quiero relacionar una anécdota familiar en otro post) se pasea por la 18 de julio  sin guaruras, vive en su casa del cerro (el único de Montevideo y eso no significa zona exclusiva) y el Palacio de Gobierno está en el centro, de hecho es un edificio que no llama la atención. Bonito y sencillo.
Punta del Este (como el Cancún uruguayo) es mucho más moderno y estilizado, con hoteles enormes, tiendas de lujo y playas tranquilas. Aunque de este lugar no puedo decir mucho porque estaba lloviendo y preferí quedarme bajo un techo para resguardame que empaparme para ver puras tiendas cerradas porque era miércoles de temporada baja (es decir el 80% de los locales cierra por esa circunstancia). Bueh.
Hey, conocí Casapueblo (y de eso profundizaré en otro post), hogar museo del artista plástico Carlos Paez Vilaró (muy gaudiniana, por cierto) Yo no conocía su obra, hasta que vi el cuadro de una mariposa que curiosamente, fue mi trabajo final para la materia de dibujo de imitación en 4to de preparatoria. Casi once años después, continente de por medio me vengo a enterar que es obra suya. 
LOL

La rambla

El héroe nacional José Artigas. Me enteré dos días después que el edificio grande de atrás es el Palacio de Gobierno (donde despacha el presidente)

Ciudad Vieja


Hotel Don Porfirio
Próxima parada turística: Caminito, Estadio River, panteón de La Recoleta, Casa Rosada y lo que se ofrezca

5 comentarios:

JuanP. dijo...

Ánimo ánimo! Recuerde que la experiencia de viajar puede tener sus zonas feas, malas, horrorosas, eww!

Pero vale la pena por salir a conocer el mundo, hay que ver de todo.

Saludos!

C. Thunders dijo...

Ese cuarto de hotel es la locación perfecta para una fotografía a blanco y negro. Just saying.

Por alguna razón me hizo recordar una novela que leí hace tiempo.

Lo del síndrome del Jaimacón no lo había escuchado en mi vida y eso que soy futbolero a morir x) está lol

He estado leyendo tus posts viajeros y están todos 're copados, viste?'

Te deseo lo mejor en los días que vienen, y te envio saludos juarenses! =D

Anónimo dijo...

Diablilla viajera, está muy bueno tu post. Así pasa cuando uno sale fuera de la burbuja, pero precisamente esas piedritas en el camino es lo que hace singular un viaje, un recuerdo... Además eso te ayuda a conocerte a ti misma y de todo lo que eres capaz, me da mucha alegría que hayas logrado valorar la belleza de esa ciudad, porque así es la vida, aún de las circunstancias en las que aparentemente todo es horrible, se puede encontrar un lado satisfactorio. El disfrute de la vida es una actitud!!! Enfin... Te quiero mucho y te extrano más. Pd. Si buscan el síndrome del jamaicon en google se enterará
LA de la anécdota nacional, está buenísima!!!!

camaleonico dijo...

soy montevideano y realmente debo reconocer que me siento identificado con su descripcion de mi ciudad. Ninguna otra palabra describe mejor a esta ciudad que :gris... Nuestra pobreza no es solo economica, nuestra pobreza es conceptual, esta es una ciudad sin identidad, se entiende por progreso el tirar un edificio antiguo(enterrar su historia y mistica) y crear una porqueria amorfa gris y muda(un monumento al aburrimiento). Ojala algun dia pòdamos ser una decima parte de lo que es BsAs,logisticamente tal vez no lo logremos, pero conceptualmente,ser una ciudad que respete su historia, una ciudad que culturice a sus transeuntes, solo por el hecho de recorrer sus misticas calles,una ciudad con identidad, con limitaciones si, pero orgullosa de lo que es y esperanzada de seguir creciendo.

David dijo...

Si bien vivo en la Argentina, muchas veces al año voy a Uruguay a disfrutar de las bellas ciudades que hay allí. Me encanta el rio y disfrutar de caminar por la rambla. Cuando me quedo en Buenos Aires, disfruto de ir con la familia a comer a restaurante puerto madero