miércoles, 7 de diciembre de 2011

De por qué me fui y por qué vuelvo

Ayer mientras platicaba con mi hermana en una de esas cenas de prensa a la que ahora (gracias a Alá) la invitan gracias a su nuevo empleo,  en un restaurante extra nalgón de Polanco (cenando de a gorra, por supuesto) le dije que pensaba abrir un nuevo blog sobre comida o viajes. Ella me dijo que por qué no seguía con este. Y con la explicación, empieza este post.

Cuando abrí este blog, hace casi tres años, me di cuenta que tenía muchas cosas que decir y ningún lugar para ser leída. Luego empezaron a llegar los lectores, las amistades, los trabajos, los amores (y desamores) y me di cuenta que hacer esto salía más barato que ir a la terapia (not).
Lo cierto es que escribir aquí fue lo mejor que me pudo pasar porque este blog me dio la oportunidad de plasmar lo que sentía y vivía, con la variedad de experiencias que solo da la vida. Aunque después me tropecé con dos problemas:
UNO. Empezó a leerme gente que no quería que me leyera. Es decir, me da lo mismo que se enteren de mis desgracias y demás vida personal, pero me parece incómodo que mientras sostengo un sope me pregunten si por fin ya le hablé al tipo que me gusta, o si ya superé el fallecimiento de mi mamá. Lo que me lleva al punto 2.
DOS. Un blog personal se compone de eso exactamente, experiencias personales. Y en este momento lo que siento y lo que vivo es un duelo y proceso de aceptación muy fuerte. Y para escribir todo el tiempo sobre eso, mejor no escribo.

PERO, en las últimas semanas pasó algo que me hizo recuperar la fuerza para escribir y exactamente fue un libro.
Isabel  Allende (para los ignorantes que no la conozcan) es una escritora chilena, cuyo mayor éxito ha sido un libro llamado La casa de los espíritus. El otro día mientras buscaba un libro para regalárselo a mi sobrinito, me topé con un texto de esta autora, titulado Paula. A pesar de que la contraportada no decía mucho, casi a ciegas, decidí llevarlo.
Resulta que este libro es la historia real de cómo vivió el coma en que cayó su hija mayor Paula,  y todo el proceso de duelo y aceptación de su muerte. Y justamente decía que escribir era lo único que le daba la fuerza para seguir adelante.
Yo no sé si se me ocurra escribir un libro de cómo viví el largo proceso del cáncer de mama con mi mamá, o de cómo la fui perdiendo entre diagnósticos que un día nos daban esperanza y otro nos mandaban al suelo. Me imagino que nuestra historia no tiene nada de especial, lo mismo deben vivir las otras miles de pacientes de cáncer junto con sus familias (es una enfermedad por mucho, desgastante). Pero lo que sí sé es que a Susana le gustaba mucho lo que yo escribía y estaba muy orgullosa de mis 100 seguidores y de que de vez en cuando me llegaran mails de gente que lee este cuchitril.
Me imagino que ahora, ella es la que me da la fuerza para volver a escribir. No quiero que la tristeza sea el vínculo que ahora me une a su recuerdo, sino todo el amor que nos tuvimos, los recuerdos hermosos de 26 años juntas y todo el esfuerzo que ella puso para que hoy sea lo que soy.
Le digo hola, como Isabel Allende le dice hola al espíritu de Paula.

Hola Susana, espíritu suave y amoroso.
Gracias por acompañarme y darme amor cuando siento dolor.




Ya volví.

6 comentarios:

Anónimo dijo...

a tu mamá le va a dar mucho gusto que vuelvas a tu blog, es parte de tu proceso de sanación y aprendizaje en esta cuestion de la trascendencia, bienvenida

Jacques el Fatalista dijo...

Pues bienvenida. Yo ando con planes y planes de regresar y nada más no. (aunque ando en otros sitios web). Aun así conservo tu blog en mi lista de GReader y será un placer volver a leerte. Saludos y buena vibra

Francisco Soria Cortés dijo...

Amiga, no sabes el gusto que me da leer esto, me alegra ver que tu pena y duelo se conviertan en algo tan bonito como son las palabras y más en unas palabras tan sinceras y sentidas con son las que acabo de leer. Recuerda que Roma no se hizo en un día y que esos cien seguidores, con tu talento y con tu sensibilidad, muy pronto se convertirán en cien mil. Te dejo un abrazo enorme y muchos besos. Te quiero mucho.

Marisol Irais dijo...

Me hiciste llorar. Siempre te leo y nunca te comento, pero creo que valía la pena decirte que ese pequeño paso en busca de reencontrar la alegría en el recuerdo es el más difícil. Cuando hay amor nunca hay olvido y siempre hay compañía.

Gil dijo...

Hola me gusto mucho tu publicacion, yo tambien lei ese libro hace algunos años y e igual me ayudo a enfrentar varias cosas sobre el fallecimiento de mi madre, al igual que la hija de Isabel Allende ella estuvo en coma por casi 2 años aunque por razones diferentes, yo tambien escribo (aunque no tanto como quisiera) y pues me hiciste recordar que el escribir es una forma de terapia muy productiva que no debemos dejar, saludos

Anónimo dijo...

Hola, pues...qué te digo?? Desde ayer no he parado de leerte, desde ayer di con este tu blog.