jueves, 15 de diciembre de 2011

Y usted ¿ya hizo sus propósitos?

Desde que entré al demográfico del adulto joven, me di cuenta que no tenía caso hacer propósitos de fin de año, porque a final del siguiente año, ya ni me acuerdo que fue lo que me propuse, y si lo hago, el sentimiento de frustración, culpa y  enojo me invade por no haberlo logrado (de hecho, eso debe ser por lo que la gente se deprime tanto en estas fechas).

Además, por qué los propósitos deben ser siempre empresas titánicas que hasta a Hércules le habría dado pereza cumplir? ya saben: bajar de peso (mientras se atasca un fruitcake), tener el cuerpo de Madonna, dejar de fumar ("lo juro, esta es la última cajetilla"), abandonar al novio pelmazo ("pero el año que entra, sí me ligo al norteñito"), tener mejor trabajo... O algo.

¿Por qué no pueden ser cosas pequeñas? Pequeños propósitos a lo largo del año, más o menos como un día a la vez. No decir: voy a dejar de fumar sino esta semana no voy a fumar. O, solo por hoy haré ejercicio. Lo de ayer ya pasó y mañana todavía no llega, es decir, hoy es la verdadera oportunidad para hacerlo.

Ahora que lo pienso, creo que ese es el verdadero problema de fondo, pensar en el futuro como una cosa que no termina de llegar. Porque insistimos en dejar todo para mañana, como dirían los Babasónicos "todo lo que pueda arreglar hoy, lo dejaré para mañana"...
Mañana empiezo la dieta, mañana termino esa relación que me hace daño, mañana termino el trabajo, mañana sí le hablaré al tipo que me gusta, mañana le hablo al contador... Todo al baúl de la postergación infinita. ¿Es que en verdad tenemos miedo a enfrentarnos con lo que nos cuesta trabajo vencer? No solo la pitufihueva, en sí (o ahora elegantemente llamado procrastinar) sino trabajar en las cosas que nos ponen en jaque con nuestros defectos de carácter, temores y demás cosas que nos lastiman el ego o los sentimientos...

Bueno, creo que ya me puse muy filosófica y yo solo quería decir que me caga hacer propósitos de año nuevo y por eso me abstengo de hacerlo. Y ya.

Además, es muy difícil comer las uvas, pensar en los propósitos y a eso, agregar toda la presión de las campanadas.¿Quién diablos inventó eso? Como si fuera tan fácil pasarse esas pinches uvas gigantes con semilla que venden para la fecha (a precio de oro, por cierto).
Solo he conocido a una persona que lo ha logrado: la novia de cierto primo que en lugar de masticarlas, se las tragó como si de aspirinas se tratara.
Fue lo máximo.

3 comentarios:

Neurotic Marianita dijo...

Y luego están los que ven como bicho raro a quien prefiere no hacer propósitos. Esos son los peores.

C. Thunders dijo...

"Uvas-aspirinas" jajajaja, esa última frase me sacó la risa que no había soltado en lo que va de la semana... thanks =)

En lo demás concuerdo totalmente. Hace algun tiempo cuando tenía blog, hice una entrada parecida a esta y ahí comentaba que los propósitos en sí no tienen nada de malo, lo que me parece idiota es esperarse hasta que inicie el año para comenzar a lograrlos o plantearlos siquiera.

Pitufihueva es mi nueva palabra favorita.

Anónimo dijo...

chale, yo también dejé de hacerlo, el año pasado por poco me ahogo al estar tragando uvas y haciendo propósitos por campanaso, ahora ya voy día día, el futuro no existe, solo soy lo que siempre fui, hermoso!!!