viernes, 14 de enero de 2011

Si usted piensa que González Iñárritu es un genio, no lea este post

ATENCIÓN, ESTE POST CONTIENE UN PAR DE SPOILERS DE "BIUTIFUL".
Me caga Alejandro González Iñárritu.
¿Qué pasa con la nueva ola de directores? ¿por qué insisten en hacer películas horribles, en la onda de "mi pedo es un drama súper poético"? No lo entiendo, si hay infinidad de temas para trabajar, no deberían enfrascarse en los mismos tópicos de siempre: corrupción, asesinatos y dramas imbéciles como los de Iñárritu.
Lo digo porque el otro día fui con el Señor Java Chip a ver Biutiful. En realidad la elegí (porque yo fui la mano gatillera) porque pensé que después de esa mamada insufrible de su trilogía Amores Perros-21 gramos-Babel, ya habría madurado el estilo (y eso que prometí no volver a ver sus películas). Entre otros factores como que Guillermo Arriaga (su guionista de cabecera) ya no formó parte del equipo y que trabajó con Javier Bardem (que está en mi lista de favoritos).
La odié.
Primero: la dicción de los actores es horrible, no se les entiende nada, no entiendo por qué algunas partes están subtituladas y otras no, ya aburrió que sus películas empiecen por el final, me cagó la escena del bar de stripers y la vieja con cabeza de teta y pezones en las nalgas, hay diálogos innecesarios y recargados, y en general nadie entendió de qué se trataba. Se puede notar en las reseñas: unas dicen que se trata de un asesino que intenta de arreglar su mal karma antes de morir, otras dicen que es un tratante de personas que intenta de arreglar su mal karma... ¡naranjas! En realidad toda la película fue un culero y al final (ahí sí) le da un poquillo de remordimiento cuando por accidente se echa al plato como a 40 personas.
¿Lo del funeral del principio, qué?
¿Lo de la pitonisilla, qué?
¿Tenía poderes sobrenaturales para comunicarse con los muertos o algo? ¿Era necesario destacar que los chinitos eran gay y se besaban sus bocas?
Ni qué decir de la escena de Bardem-araña totalmente predecible, creo que fue el momento en el que el cine dijo: shiaaaaaaaaaaaa. Además es larguísima, estuve a punto de sacar la magnum y darle de balazos a la pantalla (estilo guetto*); hace muchos años que no tenía intención de salirme del cine a media película y ahora pasó. De hecho me habría salido de no ser porque el Señor Java Chip no me dejó; claro, él estaba plácidamente dormido.
La cosa es que salí mentando madres, pero me lo merezco por crédula. Otra vez me dejé deslumbrar por la Palma de Oro y la pre-nominación a Mejor película extranjera; por supuesto, no me acordé que la Academia gringa premió a Sandra Bullock (en una de sus peores actuaciones, y eso está cabrón) como mejor actriz a pesar de que Carey Mulligan estuvo impecable en An Education.
Estúpido González Iñarritu, te odio. Ojalá que te salgan hemorroides gigantes por toda la eternidad.

*Lo de la magnum y el estilo guetto fue algo que escuché en la comida y me dio mucha gracia. Creo que será un año de frases memorables.

lunes, 10 de enero de 2011

Sobre el activismo en línea y esas cosas

Hoy me encontré con la novedad de que Eduardo del Río mejor conocido como Rius (uno de los más grandes caricaturistas políticos de México, por si usted no vive en este mono país) inició una campaña que se llama "Basta de sangre". La cosa consiste en protestar a través de arte gráfico con esa misma leyenda. La gente en twitter también se manifiesta a través del hashtag #Yabastadesangre y sus variantes (#nomassangre y los que se inventen estos días).
Hay dos posiciones que llaman especialmente mi atención:
1) Los usuarios que apoyan la campaña.
2) Los usuarios que usan esto para mofarse.
Pero esto no es un caso aislado, los usuarios de redes sociales (especialmente los de twitter) hacen uso de los medios para protestar, algo que no se había visto en los últimos años (a menos de forma tan fuerte). Empezó (al menos de forma fuerte) en 2010 cuando el gobierno quiso gravar el servicio de internet (#internetnecesario). Fueron tantos los tuits que llamaron a un grupo "distinguido" de tuiteros, lo cual hace que uno se cague de la risa porque el "distinguido" locutor Sopitas (ahora muy famoso por agredir en su blog a una empleada de Aeroméxico) estaba entre los destacados. Al final el resultado todos lo conocemos, no le pusieron impuesto al servicio de internet... y sí a muchas otras cosas.
Después del éxito comenzó una ola de protestas: para que Calderón recibiera a los afectados por el caso de la guardería ABC, contra la Ley Antiinmigrante de Arizona, entre las nacionales más famosas.
Y aunque creo que toda esta cosa de protestar esta bien (ya es tiempo de quitarnos el miedo de alzar la manita para decir yo) el problema con este tipo de activismo, es que (y ahí es donde viene el conflicto para muchas personas) es que esta forma de protestar es comodísima y elitista (pensando que México es uno de los países con la peor y más cara conectividad): uno llega, prende su computadora, abre su cuenta de twitter o de lo que se ofrezca y se pone a saturar el timeline con frases comprometidas como #bastadecorrupción y saliendo del trabajo le da mordida al policía porque se pasó el alto. (Por decir algo, porque seguro alguien dirá: pero en el DF ya es otro sistema...)
O mientras tuitea #nomasinseguridad, también esta cazando tuits para saber dónde está el alcoholímetro y  poder salir hasta las nalgas del antro sin broncas con el riesgo de llevarse un cristiano (como decía mi abuelita) por delante.
Es complicado porque entonces: ¿se manifiesta uno, o no? ¿aunque sea por esta vía? ¿será mejor salir a las calles con la cara cubierta y bote de pintura en mano? ¿nos organizamos para hacer una marcha que sólo afecta a los habitantes y que a los políticos les da igual porque andan en helicóptero? ¿lanzamos una bomba? ¿nos quedamos impávidos y nos mofamos de los que lo hacen porque ya sólo nos queda reír?
¿QUÉ HACEMOS PARA QUE NOS HAGAN CASO?
Porque además, como bien hemos visto, ponerle cara a nuestras protestas es un asunto peligroso hoy en día. Hasta me atrevería a decir que es más seguro jugar ruleta rusa que protestar (y no exagero ni me voy muy lejos: Lydia Cacho, Sanjuana Martínez, Digna Ochoa, Marisela Escobedo... y tristemente la(o)s que faltan).

No pretendo dar ninguna solución, creo que estamos en un clima muy fuerte de incertidumbre en el que nos queremos hacer oír de la manera más segura. No creo que los que se mofan de las protestas estén muy de acuerdo con que hace dos días hayan matado a 20 personas. Tampoco creo que esos mismos (ojo: ni los que protestan) SÍ tengan los huevos para salir a la calle y agitar las rejas de Gobernación, o de meterse a Los Pinos y ponerle un cuchillo en el cuello al presidente para que renuncie (para empezar porque no llegaría ni a la casa del perro y porque el sustituto sería alguien más nefasto).
Bueh.

Juro el siguiente post será una explosión de alegría o algo que se le parezca.

miércoles, 5 de enero de 2011

¡Primer día de escuela!

Entrar a un trabajo nuevo es como el primer día de escuela. La sensación de desorientación y confusión pegan feo. A pesar de que yo nunca llegué a un nuevo salón donde todo mundo se conocía y tenían sus grupitos (porque cuando cambié de un nivel a otro, todos llegaban igual de pendejillos que yo) si me he cambiado muchas veces de trabajo y a pesar de todas las ganas y energía que me acompañan, también me siento un poco triste porque tengo el sentimiento permamente de ser la nueva, de la que nadie se acuerda cómo se llama y no invitan a comer porque aún no saben si es psicópata, chismoso (a) en potencia o tetazo disfrazado de cul.

Cuando entré a mi trabajo anterior no tuve tanto problema porque ya conocía a dos personas, pero aún así, hacerme de amigos resultó complicadísimo porque mis habilidades sociales en estos casos son limitadas. Siento que si me quiero pegar a la plática o a comer, me verán con un letrero gigante que dice "lapa"; entonces me siento en mi lugar, saco mis cajitas de comida y como rápido cuando no hay nadie en la oficina. Claro, tengo otras técnicas para agradar como tener la cajita de los dulces abierta al público en general, ofrezco cigarros, los pañuelos desechables o tengo botiquín de hipocondriaco disponible (gracias a mi condición de hipocondriaca recién aceptada); sonrio mucho, todo lo pido por favor y digo gracias (diablos, la amabilidad no debería ser un plus, pero desgraciadamente lo es).

Todo esto viene al caso porque tengo un nuevo trabajo en el que me siento muy contenta porque por fin, después de pasar por el caos de vivir en la paranoia y la psicosis de mi antiguo empleo, ahora puedo dedicarme a lo que en realidad me gusta y al parecer, no hay problema porque le diga a las demás personas que hago. No tengo que cuidarme de los "insider" ni tengo que vestirme con ropa que no me gusta.

Soy bien feliz pero la condición de "nueva" es la que me pone triste y me deprime de 2pm a 3pm.

Bueh, seguiremos informando...




Por cierto, ya hay comentarios otra vez por si gustan. O no

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