martes, 5 de julio de 2011

Para mi champi

Escribo esto porque esta es la única forma que conozco para desahogar bueno y malo. Gracias

Siempre he pensado que para dar las condolencias debería haber una palabra parecida a "felicidades". Corta y engloba un gran significado. Una palabra así ahorraría muchas molestias para el que tiene que dar el pésame y mucho más para el que lo tiene que recibir. Avalo esta teoría más que nunca, hoy que me toca que me den el pésame a mi.
Mi mamá y yo tuvimos una relación muy fuerte y compleja (creo que por eso pocas veces he escrito sobre ella, me cuesta trabajo explicarlo). De repente (ya en mis años adultos) chocábamos mucho porque me daba cuenta que sus defectos me habían traspasado, defectos que reprobaba y que ahora veo en mí. Eso no significa que nuestra relación fuera mala, todo lo contrario, éramos la pareja de madre e hija más envidiada por las otras mamás porque íbamos a todos lados juntas: al tianguis, a la tienda, al cine, o simplemente a caminar. Podíamos pasar horas hablando de todo, me sabía su vida (casi) de pies a cabeza y ella sabía (casi) todo de la mía, jamás pude tener secretos con ella a pesar de que mil veces prometí que no le volvería a contar nada, porque a veces me decía cosas que yo no quería oír. Y así seguía siendo mi confidente más confiable. 
En resumidas palabras, mi mamá (o champiñón como nos decíamos) estaba en el pedestal más lujoso y cabrón de mi vida, la amaba (y la amo) por sobre todas las cosas.
Mucho lo sabían, otros no, pero hace seis años le detectaron cáncer de mama. Los mismos seis años que luchó inagotable con una fiereza que pocas veces he visto (y no porque fuera mi mamá); no quería que nadie se enterara porque odiaba hacerse la víctima, no quería que nadie le preguntara por su salud, ni que le hicieran comentarios de lo bien o mal que se veía. Simplemente un buen día cambió de look y de tener el cabello muy largo y lacio, al día siguiente tenía el cabello corto con rulos. Creo que nadie se dio cuenta que era una peluca.
Pero como todo lo bueno se acaba, mi gordita se acabó también. Las quimioterapias la desgastaron y el martes de la semana pasada, su voluntad férrea para atarse a la vida también.
Todavía no sé cómo decirle adiós a la persona con la que estuve pegada el 90% de mi vida. No sé cómo acostumbrarme a dejar de escuchar su voz, probar su comida, sentir sus manos en mi cabeza. O sus regaños porque no plancho mi ropa, porque siempre se me hace tarde, porque soy demasiado confiada, porque llegaba muy tarde. 
Me he despedido porque quiero que descanse, pero no sé cuando se acabará mi luto. Cuando ella me veía triste (o más bien deprimida) me decía que yo tenía tendencia a sufrir (muy distinto a estar triste) y se preocupaba por eso. Espero que sepa que no estoy sufriendo, que no me estoy dando latigazos de dolor por su partida. Simplemente me siento triste porque ya no está y eso solo se curará con el tiempo. 
Bien dicen que el show debe continuar y el mío (y el de todos) continua. A ella le gustaría que siguiera viviendo mi vida normal y eso es justo lo que intento.
Gracias mamá por dejarme pasar mi cumpleaños contigo, fue lo más bonito.


PD. Sé que a esto seguirán palabras de pésame  de gente que me conoce y me quiere, también de gente que no, pero les quiero ahorrar la molestia porque todavía no se inventa el felicidades a la inversa. Así que en este post no hay comentarios ni en twitter tampoco. Pero sepan que agradezco de antemano por sus palabras =)