jueves, 25 de agosto de 2011

Diario de una viajera neurótica: Sea listo y no viaje a Punta del Este en junio

Nota: Si es usted uruguayo y le gusta la alabanza moderada a las provincias de su país, siga leyendo. Si es usted argentino y tolera la crítica a los paisajes naturales de la provincia de Buenos Aires, siga leyendo. Si es usted un agente de la CIA buscando guerrilleros sudamericanos de 70 años, no siga y entreténgase con esto

Para finalizar con el capítulo de Montevideo, me gustaría platicar la anécdota final que había dejado pendiente. Hubo algo en la explicación de la guía del city tour que me llamó poderosamente la atención. Mencionó que el presidente José Mujica había sido guerrillero tupamaro y recordé que por allá en la década de los 70, uno de mis tíos tuvo un romance largo con una uruguaya muy bonita llamada Lilián G; vivía en México porque estaba exiliada ya que era parte de la guerrilla tupamara y había hecho algo que la hizo huir. Cuando cayó la dictadura, regresó al Uruguay a ocupar un cargo pero mi tío no quiso ir con ella.
No sé que tan grande era el movimiento pero me gustó pensar que Lilián quizá es una alta funcionaria del gobierno o que es amiga del presidente. Fin de la anécdota.
***
Tuve la oportunidad de estar en tres departamentos (lo que acá llamamos estados): Montevideo, Canelones y Maldonado (nada más del viaje de Montevideo a Punta del Este, así de pequeño es el Uruguay). Debo admitir que si bien  Montevideo y yo no tuvimos un amor a primera vista (y si no lo saben, pueden leerlo acá) tuve un breve y fogoso amor con la Ruta Interbalnearia.

Canelones y Maldonado tienen paisajes naturales mucho más lindos que la provincia de Buenos Aires (donde todo es planicie). Acá la naturaleza les regaló dos o tres cerritos salpicados (mi favorito, el Pan de azúcar). Junto con las palmeras en un lugar claramente boscoso y la arquitectura europea y colonial,  le dan un toque extraño y encantador. Sobre todo la gran Piriapolis, balneario planeado por el mecenas Francisco Piria que movido por la influencia europea le regaló al Uruguay un lugar exclusivo para descansar y gozar de las aguas del Río de la Plata (porque ojo, ahí todavía es río, el mar lo encontraremos más adelante).

Piriápolis tiene un cerro llamado San Antonio donde está la mejor vista del lugar. Pero ese no es su atractivo principal. El guía contaba que las muchachas del lugar subían el cerro a rodilla limpia porque ahí se encuentra una estatua de San Antonio de Padua, que por si no lo habían adivinado, es sumamente milagrosa. Tanto que hasta la fecha, la capilla está plagada de placas, papelitos, flores y demás parafernalia para agradecerle los favores recibidos. Supongo que hoy en día no suben a rodillazo, pero no me imagino quien llega con una ofrenda a pedirle marido (bien dicen que la fe mueve montañas, en este caso corazones) (awww).
Dejé Piriapolis y al final  no me bajé a pasear por las calles. Si algún día vuelvo, juro que lo haré.

Más adelante está Casapueblo, (y ahí sí me bajé) el museo y también hogar del artista plástico Carlos Paez Vilaró. Por 120 pesos uruguayos, es decir 80 pesitos mexicanos (que ahora que lo pienso, es caro para un boleto de museo) te dejan entrar, tomar fotos y curiosear.
Los high light de este lugar son  que:
1- En algún momento del año puedes encontrar al artista.
2- Esta casa está hecha sin planos o estilo de arquitectura, simplemente fue un lugar que construyeron poco a poco como masa deforme. Una masa deforme bonita y blanca, pero masa al fin. Dicen que Vinicius de Moraes (amigo del pintor, por supuesto) vivió algún tiempo ahí y compuso la canción  A casa. Mirando en you  tube, vi comentarios que decían que la letra era en realidad una protesta contra la dictadura, pero cualquiera que haya pisado ese lugar se dará cuenta que en serio, ese lugar es un desmadre de cuartos y terrazas.
En el post anterior dije que en 4to de preparatoria mi trabajo final de dibujo de imitación, fue una mariposa que 11 años después supe que es obra de Carlos Paez. Para que no se la imaginen, aquí dejo imagen.

Todo iba la mar de bien hasta que llegamos a Maldonado. Y digo esto porque súbitamente el clima cambió de soleado conunchingodefrío a nublado lluvioso conunchingodeextrafrío. A pesar de eso, nos bajamos a tomar fotos en el puente de Maldonado y el conductor fue tan amable de ir y regresar solo para que no nos quedáramos con las ganas de gritar (cuando vean la foto sabrán a qué me refiero).

A pesar de que el destino final era Punta del Este, para mi fue lo menos significativo. Digamos que Punta tiene una temporada completamente muerta por el frío, la lluvia y el viento. Esa temporada es junio.
Como comprenderán todos los comercios estaban cerrados, no había gente en la calle, ni pensar meterse al mar que de por sí es frío por la influencia polar, así que solo caminé por ahí, viendo tiendas de lujo cerradas. Lo más relevante fue que vi una foca.
¡Pero esperen! hubo algo que me pareció excepcional y jamás en mi vida había visto: las playas de Punta se dividen en playa brava y playa mansa. La parte de la playa brava es donde el Atlántico baña la arena y la playa mansa donde el Río de la Plata hace ídem. Pero lo verdaderamente especial es el lugar donde se dividen: si miran del lado izquierdo habrá olas y del lado derecho está plano como plato, no hay una progresión. Ah, las maravillas de la naturaleza.
Acá las fotos:
La mejor vista de Piriápolis 

Puente de Maldonado. El arquitecto quería ser original y por eso  diseñó el puente así.  En serio, true history

Una vista de Casapueblo. Imposible tomarla de frente a menos que el fotógrafo esté en una lancha a mitad del Río de la Plata 

¿qué hacen estos vatos tan lejos de su país?

La escultura más famosa de Punta del Este: La mano. Dicen que los escultores quisieron expresar una mano alcanzando la libertad pero los lugareños lo interpretan como la mano de alguien que está a punto de ahogarse. Bien apropiado.

Y esta es la canción de Vinicius de Moraes





Hey, aún debo el post de la segunda parte de Buenos Aires: La recoleta, Casa Rosada, Caminito y el estadio River. Pronto, prontito.

martes, 9 de agosto de 2011

Algo más sobre este asunto del duelo

El duelo es uno de los procesos más confusos y dolorosos que existen (según mi percepción, claro). Porque no solo se reduce a perder a una persona, sino a perder algo en general: una pareja, el empleo, una mascota, o hasta un teléfono. Yo había pasado por muchos duelos y dolores en mi vida, como el fallecimiento de mis abuelos o hasta el término de una relación importante, pero creo que nunca había experimentado el dolor y el vacío de la ausencia, en realidad. Uno realmente  fuerte, hondo y desgarrador.
Pero hoy que lo vivo, me siento más funcional que nunca.
Creo que una de las grandes preocupaciones de mi mamá sobre mi, era que no sabía enfrentar los duelos. Múltiples veces tuvo que hablar conmigo sobre los efectos de la depresión y la constante melancolía que padecía cada que terminaba con algún novio, o tenía bajones de autoestima. Se ponía en alerta máxima y me regañaba, hablaba dulce o fuerte conmigo según la circunstancia; al parecer tuvo efecto porque en este momento es lo que me está ayudando a superar esta etapa tan fuerte: su voz, sus palabras y su empeño.
Curiosamente no he podido llorar mucho y no porque me sienta impedida o porque niegue los sentimientos de tristeza, simplemente el llanto no viene a mi. Hace algunos días (que me han parecido eternidades) a alguien de mi familia le preocupaba verme tan serena y controlada (porque ese alguien ha llorado como la zarzamora). A decir verdad a mi también me preocupaba porque cuando me pasan esas cosas, suelo caer en un estado de shock en el que no hay emociones ni tiempo para sentirlas, simplemente caigo en una planicie estúpida y sosa. Pero no.
¿Cómo se puede vivir una pérdida tan fuerte y seguir viviendo con normalidad? La respuesta es: no se puede y sí. Porque todo el tiempo estoy pensando en ella, en cada decisión. Cada vez que quiero llevarla al cine, cuando quiero platicarle que estoy contenta o triste, o simplemente cada tarde que decido si ir a casa o hacer tiempo en la calle porque ella no estará esperándome. Ahí es cuando pienso que no se puede.
Pero cuando ese pensamiento llega a mi mente, la veo preocupada y en alerta. A ella no le gustaría verme deprimida y triste, entonces trato de seguir la programación normal y reír cuando tengo que reír (le gustaba mucho verme reír)
Mi duelo es un tributo a mi madre. Sé que pasará pero mientras...
la extraño tanto.