martes, 27 de marzo de 2012

Festival 72810: Los tres chiflados atacan Cholula (parte 1)

Hace algunas semanas mientras chateaba con Alejandro, me dijo: ¿Quieres ir al Festival 72810, con entrada y hospedaje gratis? A lo que yo contesté: bueno.
Y eso dio lugar a uno de los fines de semanas más locos y divertidos de mi vida.

Paréntesis. 
(Apenas una semana después de lo de mi mamá, durante una de esas comidas de integración (o algo),  mi ex jefe nos invitó a tomar unas chelas con gente de otra área de la coordinación. Medio a regañadientes fuimos la Godi y yo.
En la mesa había gente del área de educación, entre ellos, un tipín que parecía salido de Wild On o algo así: 1.70m, blanco como papel, ojos cyan y nariz respingona. A pesar de parecer  niño pijo (con ford fiesta blanco y un jersey amarillo), una parte del prejuicio cayó cuando dijo que era fan de Andrés Calamaro y fingió una arcada de vómito cuando mencionó que había estudiado en el  Tec de Monterrey. Me agradó.  Ocho meses después de ese primer encuentro, puedo decir que sin saber cómo,  ese tipín  que por supuesto, es Alejandro, se volvió una persona importante en mi vida a pesar de que nadie daba un peso por nuestra amistad).
 Se cierra el paréntesis.

Resulta que Alejandro tiene la ENORME suerte de ser novio, amigo y roomate de una de las chicas más divertidas y con más actitud y decisión que he conocido: Sylvia. Que además, tiene lo que yo llamaría, un trabajo soñado: trabaja con artistas por los que me aguantaría la pena para pedirles un autógrafo.
Y en una de esas misiones estaba Sylvia, haciendo las internaciones de los grupos para los organizadores del Festival 72810, con sede en Cholula, Puebla.
La conocí un día antes del festival, y por venturas del destino, hicimos clic de inmediato. Tanto, que después terminamos de grandes carnalas y jodiendo a Alex.

El sábado llegamos a la central del Sur (porque nadie me quiso hacer caso de que por la Tapo hacíamos menos tiempo) como por ahí de las 9:30. Compramos el boleto felizmente, y en eso estaba cuando me di cuenta con horror que no había hecho bien mis cuentas y traía mucho menos dinero del que pensaba.
Mierda de la gran mierda.
De los 1200 pesos que pensaba, en realidad había 700. A eso réstenle los 268 del pasaje redondo y nos da el terrorífico total de 432 pesitos para el sábado y domingo. Claro, podía aguantarme la pena y pedir prestado, pero esa era la última de las opciones porque si hay algo que detesto (gracias a mi mamá) es  salir con la batea de babas de pedir dinero prestado, me estresa en sobremanera.

Decidí no decir nada y poner carita de "no pasa nada, soy bien cul" y seguir adelante. Ni modo, a apretarse el cinturón.
Nos trepamos al autobús y después de exactamente dos horas llegamos a Puebla. Pero todavía debíamos llegar a Cholula (que está a 15 minutos en auto, aprox.)
Alejandro, muy caballerosamente, anunció que tomaríamos taxi en lugar del camión que hacía 40 minutos porque va parándose en todos lados. (La verdad es que detesta los camiones y el calor, y justo esos dos elementos se juntaban. Pos bueno.)

Al llegar al hotel, Sylvia y yo rápidamente nos volvimos, que digo amigas, ¡hermanas! porque la recepcionista nos miró con la gravedad de la moral poblana al ver que en la misma habitación dormiríamos dos mujeres y un hombre. Para evitar la carota de suegra libanesa, rápidamente añadió un: ella es mi hermana y él mi novio. Nos subimos esperando que en su cochambrosa mente, los tríos entre hermanas y novio ni siquiera tuvieran lugar.

Después de desempacar, exploramos el lugar en busca de un restaurante. Tuvimos éxito porque encontramos uno que juntaba las tres B's (¿tengo que repetirlo? Bueno, bonito y barato) llamado "La Casa de Frida". Comimos estupendamente (afortunadamente para mi bolsillo, encontré una opción que me dejó satisfecha con poco dinero).
Por cierto, no puedo dejar de señalar que el premio al "Barril sin fondo 2012", se lo llevó Alex. Se comió 5 chalupas, una sopa azteca, un plato de pipián con pollo y arroz, una cerveza y dos tequilas. (Aplausos cultos, por favor). Ahh y por su culpota no vimos a Torreblanca (lo siento Alex, tenía que decirlo).

nota: Antes de llegar empezó el show, porque en el camino nos encontramos turisteando a los de Modest Mouse, que días antes, Sylvia había recogido en el aeropuerto. Así que los saludamos de besito y toda la cosa. Bueno, Syl, porque Alex y yo solo pudimos decir: "Hi". Ah, y a Flavor Flav paseando y tomándose fotos. Por cierto, no tiene 53 años, que no los engañe wikipedia. Tiene 67).


Llegamos por fin por ahí de las 4:30 al concierto. Nunca había entrado por la puerta VIP, así que sentí como si entrara a la Fábrica de chocolates de Willy Wonka, nada más que en lugar de chocolates y dulces, había rockstars decadentes y groupies jariosas. Fue lo máximo.
Con pulsera de staff (de staff!!) en mano, nos pusimos a circular por los camerinos. Finalmente no encontramos a nadie interesante porque los artistas estelares tocaban hasta la noche. Compramos cervecita y nos encaminamos a ver a VHS or Beta, que por cierto nos robaron el corazón, son buenísimos. Luego de maravillarnos, llegó el turno de Quiero Club, que tocan espantoso en vivo. Yo digo que son festivaleros, es decir, para bailotear medio pedo están bien, pero para traerlos en el iPod, pus no.

Como luego no seguía algún grupo que nos llamara la atención, y ya sentíamos el llamado del alcohol en nuestros vasos vacíos, aprovechamos la confianza que nos brindaban las pulseras de staff y el hecho de que no nos revisaran al entrar. Así que Syl y Alex compraron una botella de ron, que hábilmente en una maniobra digna de un estudiante de preparatoria, sirvieron en botellitas de refrescos. Nuevamente pido aplausos, a mí jamás se me hubiera ocurrido.
Yo por lo general soy gente de cerveza, como diría mi sobrino, adoradora de la cebada, así que la primera respuesta para el ¿quieres? fue no. Pero cuando me di cuenta mi vaso ya tenía una de las botellitas con ron, así que dije salud. (Uno no le hace esas groserías al ronNi modo que me negara, verdá?


De vuelta preferimos encaminarnos al escenario medio principal, estaba a punto de tocar Blonde Readhead y los de Modest Mouse ya estaban en camerino, así que con toda la decisión y seguridad del mundo, Syl me pidió el programa de mano y se encaminó al camerino para conseguirme el autógrafo. Yo casi lloro.
(pero no terminó ahí).

Y en la segunda y última parte de esta crónica, entérese de cómo vimos a Peter Murphy, comadreamos con los de Modest Mouse, Alex casi se tatua la cara de Flavor Flav en una nalga y alguien de cierto grupo nos ofrece drooooooooooogaaaaaaaaaaaas.

No se lo pierdan!