jueves, 29 de marzo de 2012

Festival 72810: Los tres chiflados atacan Cholula (parte 2)

Y en la segunda parte y final de este viaje de locos al pueblo de las 365 iglesias...

WAIT! Antes de iniciar, quiero felicitar en serio (y no porque me hayan dado pulsera sino porque lo siento en mi corazón feliz) a Matías Quiroga, al equipo de Albino.mx y 8y miedo por la buena organización. Jamás en la historia de los festivales había visto que las bandas empezaran a tocar a tiempo y en este lugar, todos TODOS los grupos salieron a la hora, no hubo distorsión de sonido porque las bandas estaban alternadas, las zonas de alimentos y bebidas estaban bien y el personal de ayuda era amable. Este festival me pareció tan cómodo. Como era relativamente pequeño el lugar, al final te encontrabas con las mismas personas y el ambiente era como de una gran familia. Me gustó cantidad.

Alex me convenció (casi obligó y me manda a aventones) a alcanzar a Syl. Ella ya se había metido a la carpa y en la puerta había dos malandrines. ¿Qué tenía qué hacer? Claro, decir "vengo con Sylvia, soy su prima" poner la más encantadora y tierna de mis sonrisas y pestañear frenéticamente.
(Supongo que me dejaron pasar porque pensaron que algo me pasaba en los ojos).

Yo en versión hipster

Nótese mi uña descarapelada
Al parecer fueron las palabras mágicas porque de inmediato me sonrieron y abrieron camino (y casi que me invitan una chela). Me acerqué tímidamente y repetí mi tonto HI, frente a Isacc Brock. Luego de que Syl me presentara como su prima que es gran fan (mientras repetía la fórmula que me dejó entrar al camerino) le acercó mi programa de mano y escribió la segunda dedicatoria más bonita que un famosillo me haya escrito: "¡This because your great!

Después de eso, Jeremiah Green dibujó sobre la foto de Peter Murphy y Tom Peloso nos mostró los vestidos que había comprado para sus hijas. =) Fue como entrar a la carpa de los cuatitos que tienen su grupo y uno los viene a apoyar. Así de OSOM.

Salimos y nos encontramos a uno de los bateristas (cuyo nombre no recuerdo, pero fue el que más me gustó). Nos tomamos fotos y después nos pusimos a platicar (ok, Sylvia platicaba; Alex y yo intercalábamos palabras. Pero entendí todo lo que decían, así que no me siento tan chafa). Por cierto, yo casi me caigo en mi propia baba porque el baterista era muy guapo.
Fuimos felices.

Nos despedimos y fuimos a ver a los Blonde Readhead. Hacen buen show en vivo pero no somos taaan fans, así que como el cansancio ya nos empezaba a vencer, nos metimos a uno de los camerinos vacíos y nos encontramos con la sorpresa de que todavía había catering: cervezas, fruta, vino, bolsitas de té... Estuvimos un buen rato platicando y cuando empezó Peter Murphy nos salimos corriendo, no sin antes (en la peda) llevarnos las bolsitas de té, botellas de agua y yo me atasqué la fruta. (En mi defensa puedo decir que eran las 10 pm, teníamos varias horas sin comer y ya no había ni donde comprar papitas).

Hace muchos años, cuando mi hermana estaba en la universidad y yo era una teen odiosa, escuchaba (es decir, mi hermana) ocasionalmente a Peter Murphy y Bauhaus. Ahí conocí esa música oscura con un ligero toque alegre; así que por fin tenía enfrente a esa leyenda con la que bailotee en mis años adolescentes. Y esa leyenda me señaló mientras me descocía bailando y cantando strange kid of love una de mis canciones favoritas.
De repente, en mi viaje musical no me di cuenta que uno de los fotógrafos me miraba fijamente. Cuando lo noté, él me hizo el signo de amor y paz y solo pude reírme.
La pura vergüenza. Y yo que andaba tan pero tan sobria para ese momento.

Para ese momento, mi efímera borrachera había pasado entre brinco y baile. Quise aprovechar el descubrimiento de las cervezas nuevas, pero cuando mi estómago dice: "alto", ya no puedo meter ni un mililitro de alcohol. Y eso ocurre muy pronto la mayoría de las ocasiones. Así que para cuando empezaron los acordes de Float On con Modest Mouse, era la más sobria de todo el festival.
Shame on.

Baile, brinco, canto destemplado hasta que terminaron. Casi de inmediato en el otro escenario, empezó a tocar Public enemy, con el vistoso staff (unos 30 negrazos impresionantes, tanto de tamaño como de extravagancia) y su Flavor Flav, que muchas horas antes, andaba paseando con dos de los negrazos por los alrededores con un coco en mano. Deben admitir que no es algo que se ve todos los días en Cholula.

Syl y Alex ya se habían cansado, así que asaltaron de nuevo otro camerino vacío, que resultó ser el de Blonde Readhead. Cuando llegué con los ojos desorbitados para anunciarles que ya empezaba el otro concierto, llegó alguien del staff del grupo, un pelirrojo buenondero, al que al parecer le caímos tan bien, que decidió sacar un muy bonito cigarro de mota para ofrecernos. Fue un hermoso momento que no quise compartir.
No me espanto, pero tampoco quería, así que decliné la oferta sacando uno de nicotina. No thanks, dude.


Corrimos a Public Enemy y tuvimos la fortuna de estar muy cerca del show (gracias a esas bellas pulseras verde fosforecente que decían ¡STAFF, PUTOS! (bueno, lo de putos no). Cabe destacar que a ninguno de los tres nos gusta el hip-hop, pero quien nos haya visto, seguro pensó que éramos los más fans del mundo.

Esa es la magia de la maquinaria del hip-hop: hacernos creer que es el mejor espectáculo, que el gorila que está cantando es de lo más sexy y que la música que tocan es increíble aunque solo tenga dos acordes.
Ejemplo:
Alex gritaba como el equivalente a la belieber más aguerrida: Flavooooooor!!! Aquí, Flavooooooor.  Syl se estiraba lo más que podía para ver si le tocaba saludo de mano y yo bailaba y gritaba como si el que estuviera en el escenario fuera Andrés Calamaro, encuerado y pidiéndome matrimonio.

Tanta fue nuestra insistencia que en determinado momento, Flavor Flav se acercó directamente a nosotros y le dio la mano a Syl y a Alex (yo no alcancé porque estaba tres pasos más lejos) a mi solo me mandó un beso.
Esa intervención fue muy larga. En uno de los altos que hicimos, Syl y yo nos metimos al área de camerinos rumbo al  peor baño de Escocia (si han visto Trainspotting, saben a lo que me refiero, si no, vean el video linkeado. Aunque si tienen estómago débil, mejor no ). Cuando nos reponíamos del asco, Alex llegó bien feliz porque Flavor le aventó su toalla sudada. Misma que tengo en mi poder (y que si les interesa, todavía no lavo).
Ahí fue donde me di cuenta del grado de incrospitez en el que estaba, porque (la persona más maniática de la limpieza que conozco) traía la toalla (sudadota) en el cuello.
Terminaron como a las 3:30 am. Luego de lo que me pareció la caminata más larga del mundo, llegamos al hotel media hora después sanos y salvos pero extremadamente cansados.
Al otro día nos paramos a las 10. Pedimos café y jugo lo que nos ayudó un poco a despertar. Finalmente yo me iba a regresar antes porque 1) Quería llegar temprano a casa, 2) Quería llegar a la Tapo que queda mucho más cerca del hogar y 3) porque me quedaban escasos 120 pesos.
En el bus de regreso, me sucedió algo parecido a la escena en Bridget Jones 2: me senté y unos tipos guapísimos también subieron; me emocioné y pedí frenéticamente que al menos uno se sentara donde yo estaba. En lugar de eso, se sentó un señor gordo y feo con ganas de platicar, mismas que neutralicé poniéndome los audífonos y haciéndome la dormida.

Bien dicen que Dios no cumple caprichos ni endereza jorobados.
Joder