jueves, 22 de marzo de 2012

Viaje al fondo de Oaxaca: de las netas y otros alcoholes (parte 3)

Adiós Oaxaca!

El domingo por la mañana teníamos planeado ir a Montealbán, pero Areli amaneció con la garganta inflamadísima y a pesar de que planeaba ir sola dada la circunstancia, no me atreví porque finalmente, además de turistear, la intención era ir a verla.
Así pues, no fuimos pero como la cruda (para los demás) estaba cabrona, fuimos a desayunar pancita al mercado. No soy fan pero estaba deliciosa, acompañada de tortillas tipo tlayuda (o sea grandotas) y la salsa picantísima del primer día. Revivimos con eso y una coca lai.
Luego me fui a terminar de recorrer el centro mientras Areli preparaba unas tlayudas deliciosas, con todo lo que deben llevar: asiento (que no es más que la grasa del chicharrón), frijoles, quesito, tasajo, chapulines y otras delicias. Así pues, nos sentamos a tragar (que diga, a comer).
En eso estábamos cuando apareció el marido de mi amiga, que volvía de viaje (y por eso aún no aparecía en la historia). Aunque al principio el ambiente se tornó algo hosco, cuando volvimos de la calle con un six de cervezas, todo fue cortesía, amabilidad y atenciones risueñas.

Hago un paréntesis para explicar algo importante. Mi abuelo paterno tenía un dicho que estoy segura que todo el clan M.M. se lo sabe: "Es de gente educada invitar, pero también es de gente educada decir, "no, muchas gracias".  Y mi mamá decía que entre menos molestias se den y más te granjees (es decir, seas servicial y amable), mejor te trata la gente (no frase literal, más bien como una filosofía de vida). Se cierra el paréntesis.

Con la llegada de Miguel (el muchacho de Areli) resultó que la casa estaba llena, es decir que su servilleta ya no tenía dónde dormir, (porque me estaba hospedando en el cuarto de mi amiga y ni modo que mandara al sillón a su marido, verdá?). Entonces atendiendo a los sabios consejos de mi sabia (y hermosa) madre, pues decidí que lo mejor sería pasar mi última noche en un hotel. 
Si a mi hay algo que me choca, es incomodar a la gente (o estar de encajes anchos, como diríamos mi hermana y yo). Así que aproveché la distracción y fuimos a hacer scouting del lugar en busca de un hotelín económico y bonito. Para mi buena estrella, había uno con esas características justo en la bajada de la casa, así que no me tuve que mover mucho.
Así que regresamos y al son de "salud!" se abrió la primera ronda de cervezas.
La gente que me conoce, sabe que soy una persona relajada, pero sumamente estricta con lo que se refiere al alcohol. Me puedo tomar dos o quizá hasta tres, pero no rebaso ese límite ni aunque me rueguen. No por cortada, pero prefiero disfrutar los tragos que quedar pendeja (y lo peor, hacer pendejadas. Mínimo, sí las hago, que sea sobria para evitar la cruda moral).

Y lo peor es que me molesta de sobremanera que me quieran obligar a tomar cuando ya no quiero.
Lo que me lleva a los puntos siguientes.
De repente, la plática casual se convirtió en un soliloquio en el que mi interlocutor buscó una alianza con su servidora para que hablara con Areli. Vaya, no se necesita una alianza para que hable con mi amiga; ella y yo tenemos una amistad tan sólida, que nos damos cuenta perfecto cuando la otra no está bien.
Digo, no estuvo mal, él se preocupa por ella y sus necesidades afectivas, con eso ya tiene mi aprobación. Pero en este caso, estaba en la postura de "voy a escuchar lo que dices pero no sabrás lo que pienso". No por mamona, sino porque a veces lo mejor es poner cara de pocker.
Así, siguió la platica y la cerveza fluía y fluía. Cuando me acabé la segunda, a pesar de que me negué rotundamente a seguir tomando porque ya no quería, el interlocutor abrió una tercera, a lo cual respondí con lo que llaman "fichar" es decir, engañar al otro para que crea que estás tomando, pero en realidad apenas bebes. Y así lo hice hasta el momento de partir al bonito hotel; la cosa fue el interlocutor se molestó muchísimo porque 1) No me quedé en su casa y 2) porque no me tomé la cerveza que me ofreció.
Lo que me obliga a regresar al paréntesis: Es de gente educada invitar y es de gente educada decir "no muchas gracias". Primero, porque ya no quería beber (y a pesar de que así se lo hice saber, ignoró mis palabras) y segundo, porque si para él es descortesía que no se acate lo que ordena, para mi es descortesía incomodar a las personas y no hay nada que se pueda hacer al respecto.

Adiós y buenas noches
=)

Al otro día fuimos al museo textil por cortesía de Laura, paseamos en el Llano (que es un parquesote re bonito), y fuimos por el mezcal.
Regresé al DF en el autobús de lujo, cuyo sistema de entretenimiento se parece al de LAN Chile pero en región 4. En lugar de tener la temporada completa de Lie to me, hay películas de Cantinflas (y no las buenas, por cierto). Pero vi mucha chic flick así que la pasé muy retebonito.








PS. ¿Desde cuándo las mujeres decididas, son frígidas que necesitan que se las cojan para ser "liberadas"? ¡Aviso urgente! ¡Estamos en 2012!!