sábado, 25 de agosto de 2012

La distancia no es el olvido, o de cómo reencontré a mi amigo de la infancia

(ah como me gustan los títulos largos)

Hace algunas centurias, mi mamá tuvo una amiga a la que quiso mucho (era una mujer de pocas amigas, pero las que tenían las cuidaba como oro molido). Y da la casualidad que esa amiga tenía dos hijos: uno de mi edad y el otro unos años más pequeño.
El pequeño era muy tierno y el de mi edad (si la memoria no me falla) era bastante travieso, inquieto, le encantaba toda la cuestión gore y amaba a Ren y Stimpy. Si no se lo han imaginado o son nuevos en este blog, su servidora al principio no lo soportaba porque yo era justo la antítesis del chamaco (era ñoña, me portaba demasiado bien, era tranquila, extra educada... el sueño de toda mamá y la pesadilla de cualquier otro niño).
Como íbamos en la misma escuela, durante 4to año de primaria estudiamos en salones distintos (dije que han pasado centurias, ¿no?) pero eso no impedía que nos peleáramos todo el tiempo, que a cada rato nos agarráramos de la greña, o que él me hiciera renegar y viceversa.
Así que cuando nuestras mamás (tan amigas) se enteraron que en 5to año estudiaríamos en el mismo salón, les dio el patatús y nos la sentenciaron (a cada quien por su lado): que pobres de nosotros si nos atrevíamos a cruzar siquiera palabra (o al menos para mi fue: "no quiero que siquiera lo voltees a ver, que no voy a perder la amistad con mi amiga por tu culpa". Así de fuerte.
La cuestión es que por supuesto no les hicimos caso y fue como si nos hubieran dicho "¡llévense bien por el amor de beibi yisus!". De ahí nació una amistad de la que tengo los mejores recuerdos, como las tardes de tarea viendo Ren y Stimpy, o corriendo en la calle, jugando a cosas que no recuerdo (la memoria es traicionera). O a su papá yendo por nosotros a la escuela y contándonos historias de cuando trabajaba en cierta línea aérea.

Y en este punto, es donde nace la historia de hoy.
Cuando terminamos el 5to grado, ellos se mudaron a otro estado de  la república. Mi mamá se quedó muy triste porque se le iba una de sus mejores amigas, y para mí, el golpe no fue menos duro; pasó el tiempo y como todo en esta vida, las ausencias fueron superadas pero nunca olvidadas.
Había veces en las que nos preguntábamos "¿qué será de L?" o "¿cómo se verán L y T?", pero todo se quedaba en el imaginario porque no teníamos cómo comunicarnos con ellos, no había los bonitos internets que ahora tenemos. Yo todavía no pasaba por la fase de espía industrial... (olviden eso).
Y 16 largos años pasaron.

Uno de los días de esta semana llegué al trabajo, mentándole la madre a todo el mundo porque de nuevo, el metro consiguió que volviera a llegar tarde y que tuviera que desembolsar dinero extra en el taxi. Llegué de malas, pues. PERO una sorpresita me esperaba en el feisbuc. Y era la solicitud de amistad del hijo pequeño.
O-M-F-G.
Tardé varios minutos en reconocerlo, pero sin duda era él; por supuesto lo acepté de inmediato y de forma mecánica busqué a su hermano...
El resto es historia.

Sólo puedo decir que es de las pocas veces que estoy feliz de que Facebook haya invadido nuestra vida y privacidad. Si esta historia tan sencilla de un puente que acerca al centro con el norte de golpe, ha sido una revelación, debe ser impresionante lo que hace por personas perdidas por la pátina de los años, que por ejemplo, se aman. O familiares perdidos. O algo.


Sólo sé que cuando creo haber perdido la capacidad de asombro, algo fascinante llega a mi vida para callarme la boca y el cinismo.

=)

Hagan favor de ser felices.
O algo.


2 comentarios:

Anónimo dijo...

Me gustaaaaa! Ar

@hey_valentina dijo...

Que lindo post!
Acabo de encontrar tu blog, son esas casualidades que se agradecen, me he quedado pegada leyendo tu blog por lo menos una hora!!, es muy entretenido, me he sentido identificada con muchas cosas que publicas.
Saludos desde Chile
Valentina
http://peopleandpie.blogspot.com/