jueves, 29 de marzo de 2012

Festival 72810: Los tres chiflados atacan Cholula (parte 2)

Y en la segunda parte y final de este viaje de locos al pueblo de las 365 iglesias...

WAIT! Antes de iniciar, quiero felicitar en serio (y no porque me hayan dado pulsera sino porque lo siento en mi corazón feliz) a Matías Quiroga, al equipo de Albino.mx y 8y miedo por la buena organización. Jamás en la historia de los festivales había visto que las bandas empezaran a tocar a tiempo y en este lugar, todos TODOS los grupos salieron a la hora, no hubo distorsión de sonido porque las bandas estaban alternadas, las zonas de alimentos y bebidas estaban bien y el personal de ayuda era amable. Este festival me pareció tan cómodo. Como era relativamente pequeño el lugar, al final te encontrabas con las mismas personas y el ambiente era como de una gran familia. Me gustó cantidad.

Alex me convenció (casi obligó y me manda a aventones) a alcanzar a Syl. Ella ya se había metido a la carpa y en la puerta había dos malandrines. ¿Qué tenía qué hacer? Claro, decir "vengo con Sylvia, soy su prima" poner la más encantadora y tierna de mis sonrisas y pestañear frenéticamente.
(Supongo que me dejaron pasar porque pensaron que algo me pasaba en los ojos).

Yo en versión hipster

Nótese mi uña descarapelada
Al parecer fueron las palabras mágicas porque de inmediato me sonrieron y abrieron camino (y casi que me invitan una chela). Me acerqué tímidamente y repetí mi tonto HI, frente a Isacc Brock. Luego de que Syl me presentara como su prima que es gran fan (mientras repetía la fórmula que me dejó entrar al camerino) le acercó mi programa de mano y escribió la segunda dedicatoria más bonita que un famosillo me haya escrito: "¡This because your great!

Después de eso, Jeremiah Green dibujó sobre la foto de Peter Murphy y Tom Peloso nos mostró los vestidos que había comprado para sus hijas. =) Fue como entrar a la carpa de los cuatitos que tienen su grupo y uno los viene a apoyar. Así de OSOM.

Salimos y nos encontramos a uno de los bateristas (cuyo nombre no recuerdo, pero fue el que más me gustó). Nos tomamos fotos y después nos pusimos a platicar (ok, Sylvia platicaba; Alex y yo intercalábamos palabras. Pero entendí todo lo que decían, así que no me siento tan chafa). Por cierto, yo casi me caigo en mi propia baba porque el baterista era muy guapo.
Fuimos felices.

Nos despedimos y fuimos a ver a los Blonde Readhead. Hacen buen show en vivo pero no somos taaan fans, así que como el cansancio ya nos empezaba a vencer, nos metimos a uno de los camerinos vacíos y nos encontramos con la sorpresa de que todavía había catering: cervezas, fruta, vino, bolsitas de té... Estuvimos un buen rato platicando y cuando empezó Peter Murphy nos salimos corriendo, no sin antes (en la peda) llevarnos las bolsitas de té, botellas de agua y yo me atasqué la fruta. (En mi defensa puedo decir que eran las 10 pm, teníamos varias horas sin comer y ya no había ni donde comprar papitas).

Hace muchos años, cuando mi hermana estaba en la universidad y yo era una teen odiosa, escuchaba (es decir, mi hermana) ocasionalmente a Peter Murphy y Bauhaus. Ahí conocí esa música oscura con un ligero toque alegre; así que por fin tenía enfrente a esa leyenda con la que bailotee en mis años adolescentes. Y esa leyenda me señaló mientras me descocía bailando y cantando strange kid of love una de mis canciones favoritas.
De repente, en mi viaje musical no me di cuenta que uno de los fotógrafos me miraba fijamente. Cuando lo noté, él me hizo el signo de amor y paz y solo pude reírme.
La pura vergüenza. Y yo que andaba tan pero tan sobria para ese momento.

Para ese momento, mi efímera borrachera había pasado entre brinco y baile. Quise aprovechar el descubrimiento de las cervezas nuevas, pero cuando mi estómago dice: "alto", ya no puedo meter ni un mililitro de alcohol. Y eso ocurre muy pronto la mayoría de las ocasiones. Así que para cuando empezaron los acordes de Float On con Modest Mouse, era la más sobria de todo el festival.
Shame on.

Baile, brinco, canto destemplado hasta que terminaron. Casi de inmediato en el otro escenario, empezó a tocar Public enemy, con el vistoso staff (unos 30 negrazos impresionantes, tanto de tamaño como de extravagancia) y su Flavor Flav, que muchas horas antes, andaba paseando con dos de los negrazos por los alrededores con un coco en mano. Deben admitir que no es algo que se ve todos los días en Cholula.

Syl y Alex ya se habían cansado, así que asaltaron de nuevo otro camerino vacío, que resultó ser el de Blonde Readhead. Cuando llegué con los ojos desorbitados para anunciarles que ya empezaba el otro concierto, llegó alguien del staff del grupo, un pelirrojo buenondero, al que al parecer le caímos tan bien, que decidió sacar un muy bonito cigarro de mota para ofrecernos. Fue un hermoso momento que no quise compartir.
No me espanto, pero tampoco quería, así que decliné la oferta sacando uno de nicotina. No thanks, dude.


Corrimos a Public Enemy y tuvimos la fortuna de estar muy cerca del show (gracias a esas bellas pulseras verde fosforecente que decían ¡STAFF, PUTOS! (bueno, lo de putos no). Cabe destacar que a ninguno de los tres nos gusta el hip-hop, pero quien nos haya visto, seguro pensó que éramos los más fans del mundo.

Esa es la magia de la maquinaria del hip-hop: hacernos creer que es el mejor espectáculo, que el gorila que está cantando es de lo más sexy y que la música que tocan es increíble aunque solo tenga dos acordes.
Ejemplo:
Alex gritaba como el equivalente a la belieber más aguerrida: Flavooooooor!!! Aquí, Flavooooooor.  Syl se estiraba lo más que podía para ver si le tocaba saludo de mano y yo bailaba y gritaba como si el que estuviera en el escenario fuera Andrés Calamaro, encuerado y pidiéndome matrimonio.

Tanta fue nuestra insistencia que en determinado momento, Flavor Flav se acercó directamente a nosotros y le dio la mano a Syl y a Alex (yo no alcancé porque estaba tres pasos más lejos) a mi solo me mandó un beso.
Esa intervención fue muy larga. En uno de los altos que hicimos, Syl y yo nos metimos al área de camerinos rumbo al  peor baño de Escocia (si han visto Trainspotting, saben a lo que me refiero, si no, vean el video linkeado. Aunque si tienen estómago débil, mejor no ). Cuando nos reponíamos del asco, Alex llegó bien feliz porque Flavor le aventó su toalla sudada. Misma que tengo en mi poder (y que si les interesa, todavía no lavo).
Ahí fue donde me di cuenta del grado de incrospitez en el que estaba, porque (la persona más maniática de la limpieza que conozco) traía la toalla (sudadota) en el cuello.
Terminaron como a las 3:30 am. Luego de lo que me pareció la caminata más larga del mundo, llegamos al hotel media hora después sanos y salvos pero extremadamente cansados.
Al otro día nos paramos a las 10. Pedimos café y jugo lo que nos ayudó un poco a despertar. Finalmente yo me iba a regresar antes porque 1) Quería llegar temprano a casa, 2) Quería llegar a la Tapo que queda mucho más cerca del hogar y 3) porque me quedaban escasos 120 pesos.
En el bus de regreso, me sucedió algo parecido a la escena en Bridget Jones 2: me senté y unos tipos guapísimos también subieron; me emocioné y pedí frenéticamente que al menos uno se sentara donde yo estaba. En lugar de eso, se sentó un señor gordo y feo con ganas de platicar, mismas que neutralicé poniéndome los audífonos y haciéndome la dormida.

Bien dicen que Dios no cumple caprichos ni endereza jorobados.
Joder

martes, 27 de marzo de 2012

Festival 72810: Los tres chiflados atacan Cholula (parte 1)

Hace algunas semanas mientras chateaba con Alejandro, me dijo: ¿Quieres ir al Festival 72810, con entrada y hospedaje gratis? A lo que yo contesté: bueno.
Y eso dio lugar a uno de los fines de semanas más locos y divertidos de mi vida.

Paréntesis. 
(Apenas una semana después de lo de mi mamá, durante una de esas comidas de integración (o algo),  mi ex jefe nos invitó a tomar unas chelas con gente de otra área de la coordinación. Medio a regañadientes fuimos la Godi y yo.
En la mesa había gente del área de educación, entre ellos, un tipín que parecía salido de Wild On o algo así: 1.70m, blanco como papel, ojos cyan y nariz respingona. A pesar de parecer  niño pijo (con ford fiesta blanco y un jersey amarillo), una parte del prejuicio cayó cuando dijo que era fan de Andrés Calamaro y fingió una arcada de vómito cuando mencionó que había estudiado en el  Tec de Monterrey. Me agradó.  Ocho meses después de ese primer encuentro, puedo decir que sin saber cómo,  ese tipín  que por supuesto, es Alejandro, se volvió una persona importante en mi vida a pesar de que nadie daba un peso por nuestra amistad).
 Se cierra el paréntesis.

Resulta que Alejandro tiene la ENORME suerte de ser novio, amigo y roomate de una de las chicas más divertidas y con más actitud y decisión que he conocido: Sylvia. Que además, tiene lo que yo llamaría, un trabajo soñado: trabaja con artistas por los que me aguantaría la pena para pedirles un autógrafo.
Y en una de esas misiones estaba Sylvia, haciendo las internaciones de los grupos para los organizadores del Festival 72810, con sede en Cholula, Puebla.
La conocí un día antes del festival, y por venturas del destino, hicimos clic de inmediato. Tanto, que después terminamos de grandes carnalas y jodiendo a Alex.

El sábado llegamos a la central del Sur (porque nadie me quiso hacer caso de que por la Tapo hacíamos menos tiempo) como por ahí de las 9:30. Compramos el boleto felizmente, y en eso estaba cuando me di cuenta con horror que no había hecho bien mis cuentas y traía mucho menos dinero del que pensaba.
Mierda de la gran mierda.
De los 1200 pesos que pensaba, en realidad había 700. A eso réstenle los 268 del pasaje redondo y nos da el terrorífico total de 432 pesitos para el sábado y domingo. Claro, podía aguantarme la pena y pedir prestado, pero esa era la última de las opciones porque si hay algo que detesto (gracias a mi mamá) es  salir con la batea de babas de pedir dinero prestado, me estresa en sobremanera.

Decidí no decir nada y poner carita de "no pasa nada, soy bien cul" y seguir adelante. Ni modo, a apretarse el cinturón.
Nos trepamos al autobús y después de exactamente dos horas llegamos a Puebla. Pero todavía debíamos llegar a Cholula (que está a 15 minutos en auto, aprox.)
Alejandro, muy caballerosamente, anunció que tomaríamos taxi en lugar del camión que hacía 40 minutos porque va parándose en todos lados. (La verdad es que detesta los camiones y el calor, y justo esos dos elementos se juntaban. Pos bueno.)

Al llegar al hotel, Sylvia y yo rápidamente nos volvimos, que digo amigas, ¡hermanas! porque la recepcionista nos miró con la gravedad de la moral poblana al ver que en la misma habitación dormiríamos dos mujeres y un hombre. Para evitar la carota de suegra libanesa, rápidamente añadió un: ella es mi hermana y él mi novio. Nos subimos esperando que en su cochambrosa mente, los tríos entre hermanas y novio ni siquiera tuvieran lugar.

Después de desempacar, exploramos el lugar en busca de un restaurante. Tuvimos éxito porque encontramos uno que juntaba las tres B's (¿tengo que repetirlo? Bueno, bonito y barato) llamado "La Casa de Frida". Comimos estupendamente (afortunadamente para mi bolsillo, encontré una opción que me dejó satisfecha con poco dinero).
Por cierto, no puedo dejar de señalar que el premio al "Barril sin fondo 2012", se lo llevó Alex. Se comió 5 chalupas, una sopa azteca, un plato de pipián con pollo y arroz, una cerveza y dos tequilas. (Aplausos cultos, por favor). Ahh y por su culpota no vimos a Torreblanca (lo siento Alex, tenía que decirlo).

nota: Antes de llegar empezó el show, porque en el camino nos encontramos turisteando a los de Modest Mouse, que días antes, Sylvia había recogido en el aeropuerto. Así que los saludamos de besito y toda la cosa. Bueno, Syl, porque Alex y yo solo pudimos decir: "Hi". Ah, y a Flavor Flav paseando y tomándose fotos. Por cierto, no tiene 53 años, que no los engañe wikipedia. Tiene 67).


Llegamos por fin por ahí de las 4:30 al concierto. Nunca había entrado por la puerta VIP, así que sentí como si entrara a la Fábrica de chocolates de Willy Wonka, nada más que en lugar de chocolates y dulces, había rockstars decadentes y groupies jariosas. Fue lo máximo.
Con pulsera de staff (de staff!!) en mano, nos pusimos a circular por los camerinos. Finalmente no encontramos a nadie interesante porque los artistas estelares tocaban hasta la noche. Compramos cervecita y nos encaminamos a ver a VHS or Beta, que por cierto nos robaron el corazón, son buenísimos. Luego de maravillarnos, llegó el turno de Quiero Club, que tocan espantoso en vivo. Yo digo que son festivaleros, es decir, para bailotear medio pedo están bien, pero para traerlos en el iPod, pus no.

Como luego no seguía algún grupo que nos llamara la atención, y ya sentíamos el llamado del alcohol en nuestros vasos vacíos, aprovechamos la confianza que nos brindaban las pulseras de staff y el hecho de que no nos revisaran al entrar. Así que Syl y Alex compraron una botella de ron, que hábilmente en una maniobra digna de un estudiante de preparatoria, sirvieron en botellitas de refrescos. Nuevamente pido aplausos, a mí jamás se me hubiera ocurrido.
Yo por lo general soy gente de cerveza, como diría mi sobrino, adoradora de la cebada, así que la primera respuesta para el ¿quieres? fue no. Pero cuando me di cuenta mi vaso ya tenía una de las botellitas con ron, así que dije salud. (Uno no le hace esas groserías al ronNi modo que me negara, verdá?


De vuelta preferimos encaminarnos al escenario medio principal, estaba a punto de tocar Blonde Readhead y los de Modest Mouse ya estaban en camerino, así que con toda la decisión y seguridad del mundo, Syl me pidió el programa de mano y se encaminó al camerino para conseguirme el autógrafo. Yo casi lloro.
(pero no terminó ahí).

Y en la segunda y última parte de esta crónica, entérese de cómo vimos a Peter Murphy, comadreamos con los de Modest Mouse, Alex casi se tatua la cara de Flavor Flav en una nalga y alguien de cierto grupo nos ofrece drooooooooooogaaaaaaaaaaaas.

No se lo pierdan!

jueves, 22 de marzo de 2012

Viaje al fondo de Oaxaca: de las netas y otros alcoholes (parte 3)

Adiós Oaxaca!

El domingo por la mañana teníamos planeado ir a Montealbán, pero Areli amaneció con la garganta inflamadísima y a pesar de que planeaba ir sola dada la circunstancia, no me atreví porque finalmente, además de turistear, la intención era ir a verla.
Así pues, no fuimos pero como la cruda (para los demás) estaba cabrona, fuimos a desayunar pancita al mercado. No soy fan pero estaba deliciosa, acompañada de tortillas tipo tlayuda (o sea grandotas) y la salsa picantísima del primer día. Revivimos con eso y una coca lai.
Luego me fui a terminar de recorrer el centro mientras Areli preparaba unas tlayudas deliciosas, con todo lo que deben llevar: asiento (que no es más que la grasa del chicharrón), frijoles, quesito, tasajo, chapulines y otras delicias. Así pues, nos sentamos a tragar (que diga, a comer).
En eso estábamos cuando apareció el marido de mi amiga, que volvía de viaje (y por eso aún no aparecía en la historia). Aunque al principio el ambiente se tornó algo hosco, cuando volvimos de la calle con un six de cervezas, todo fue cortesía, amabilidad y atenciones risueñas.

Hago un paréntesis para explicar algo importante. Mi abuelo paterno tenía un dicho que estoy segura que todo el clan M.M. se lo sabe: "Es de gente educada invitar, pero también es de gente educada decir, "no, muchas gracias".  Y mi mamá decía que entre menos molestias se den y más te granjees (es decir, seas servicial y amable), mejor te trata la gente (no frase literal, más bien como una filosofía de vida). Se cierra el paréntesis.

Con la llegada de Miguel (el muchacho de Areli) resultó que la casa estaba llena, es decir que su servilleta ya no tenía dónde dormir, (porque me estaba hospedando en el cuarto de mi amiga y ni modo que mandara al sillón a su marido, verdá?). Entonces atendiendo a los sabios consejos de mi sabia (y hermosa) madre, pues decidí que lo mejor sería pasar mi última noche en un hotel. 
Si a mi hay algo que me choca, es incomodar a la gente (o estar de encajes anchos, como diríamos mi hermana y yo). Así que aproveché la distracción y fuimos a hacer scouting del lugar en busca de un hotelín económico y bonito. Para mi buena estrella, había uno con esas características justo en la bajada de la casa, así que no me tuve que mover mucho.
Así que regresamos y al son de "salud!" se abrió la primera ronda de cervezas.
La gente que me conoce, sabe que soy una persona relajada, pero sumamente estricta con lo que se refiere al alcohol. Me puedo tomar dos o quizá hasta tres, pero no rebaso ese límite ni aunque me rueguen. No por cortada, pero prefiero disfrutar los tragos que quedar pendeja (y lo peor, hacer pendejadas. Mínimo, sí las hago, que sea sobria para evitar la cruda moral).

Y lo peor es que me molesta de sobremanera que me quieran obligar a tomar cuando ya no quiero.
Lo que me lleva a los puntos siguientes.
De repente, la plática casual se convirtió en un soliloquio en el que mi interlocutor buscó una alianza con su servidora para que hablara con Areli. Vaya, no se necesita una alianza para que hable con mi amiga; ella y yo tenemos una amistad tan sólida, que nos damos cuenta perfecto cuando la otra no está bien.
Digo, no estuvo mal, él se preocupa por ella y sus necesidades afectivas, con eso ya tiene mi aprobación. Pero en este caso, estaba en la postura de "voy a escuchar lo que dices pero no sabrás lo que pienso". No por mamona, sino porque a veces lo mejor es poner cara de pocker.
Así, siguió la platica y la cerveza fluía y fluía. Cuando me acabé la segunda, a pesar de que me negué rotundamente a seguir tomando porque ya no quería, el interlocutor abrió una tercera, a lo cual respondí con lo que llaman "fichar" es decir, engañar al otro para que crea que estás tomando, pero en realidad apenas bebes. Y así lo hice hasta el momento de partir al bonito hotel; la cosa fue el interlocutor se molestó muchísimo porque 1) No me quedé en su casa y 2) porque no me tomé la cerveza que me ofreció.
Lo que me obliga a regresar al paréntesis: Es de gente educada invitar y es de gente educada decir "no muchas gracias". Primero, porque ya no quería beber (y a pesar de que así se lo hice saber, ignoró mis palabras) y segundo, porque si para él es descortesía que no se acate lo que ordena, para mi es descortesía incomodar a las personas y no hay nada que se pueda hacer al respecto.

Adiós y buenas noches
=)

Al otro día fuimos al museo textil por cortesía de Laura, paseamos en el Llano (que es un parquesote re bonito), y fuimos por el mezcal.
Regresé al DF en el autobús de lujo, cuyo sistema de entretenimiento se parece al de LAN Chile pero en región 4. En lugar de tener la temporada completa de Lie to me, hay películas de Cantinflas (y no las buenas, por cierto). Pero vi mucha chic flick así que la pasé muy retebonito.








PS. ¿Desde cuándo las mujeres decididas, son frígidas que necesitan que se las cojan para ser "liberadas"? ¡Aviso urgente! ¡Estamos en 2012!!

miércoles, 7 de marzo de 2012

Viaje al fondo de Oaxaca: clavado gastronómico (parte 2)

Día 2: Tragué como puerco.

Bueno, en realidad eso empezó un día antes pero la tragazón franca tomó fuerza el sábado.
A mi llegada, Areli ya me esperaba con unos ricos molotes de papa con chorizo, y una salsa que parecía hecha en el mismo molcajete de Satanás. No soy llorona con el chile, (de hecho con pena debo decir que ya tengo el paladar curtidísimo) pero esa salsa no tenía madre.

Al otro día tuvimos que levantarnos temprano porque Areli debía dar una clase de activación física (de la que por supuesto no me salvé). Aunque no estuvo mal, fue como pedir perdón por adelantado porque después de las abdominales y todo el ejercicio fuimos a atascarnos un momo tibetano a Xochimilco, un mercadito de productos orgánicos.
Ahí está el puesto con la comida más deliciosa que haya probado en mi vida. Puro producto delicatessen con un toque de folclor, como tomates criollos en aceite de oliva, brownies de chocolate oaxaqueño, cupecakes de zanahoria... y otros manjares para que los turistas jipis no olviden el terruño, como pizza, sushi, y por supuesto, el momo. 

El puesto de los pecados (como ahora lo llamo) es comandado por un italiano alegre que mastica español con bastante acento. Resalta de forma extraña pero armoniosa con los puestos de aguas frescas, tamales de amarillo con conejo, garnachas, tejate y otras delicias. 
A pesar de que cuando viajo, tengo toda la cuerda y disposición para probar la comida del lugar, no pude con la tentación de la comida extranjera. No soy malinche, pero son cosas que tampoco he visto en mi ranchote.

El momo tibetano (como lo percibí) es una bola de masa de arroz, frita y rellena con fideos de arroz, calabacín, zanahoria y otras cosas; servido con una guarnición de lechuga con flores. Una combinación extraña pero totalmente apetitosa. Todo acompañado de un té chai ligero y ligeramente dulce (a leguas se notaba que era infusión y no esa cosa horrible de polvo que venden en una fortuna en estarbucs). Por 50 pesitos (35 del momo y 15 del chai) comimos estupendo.
Parece que no, pero si tienen oportunidad de comerlo, el momo los dejará satisfechos).

Nos sentamos a compartir la mesita comunal con un coreano y una oaxaqueña que se decían frases tan dulces que daban envidia. Comimos entre pellizcos (porque había muchos pelirrojos) y chismes atrasados de un año.
Al terminar volvimos a caer en el pecaminoso puesto y nos zampamos unos cupcakes (10 o 15 pesos, no recuerdo). Fórmula: entre menos adornados estén, más ricos son.

Para bajar la panza, caminamos rumbo a la casa, y como ya estábamos en el centro, pasamos a Santo Domingo, donde está una de las iglesias más bonitas que haya visto en México. (De esta parte no hay fotos porque no sabía que habría paseo, ergo no traía cámara. Mi abuelo paterno estaría sumamente decepcionado).

Llegamos a casa, trolleamos un rato a Laura y conocí al otro roommate de Areli, el buen chilango autoexiliado, Cristóbal (que por cierto, nunca pudimos acordarnos de dónde nos conociamos, porque los dos nos resultamos familiares).

El día estaba precioso y nosotras encerradotas, como diría Cris. A mi también me dio pena estar pegada a la computadora mientras el sol bañaba el día con sus mejores rayos, así que me metí a bañar, obligué a la muy cochina de Areli para que también se bañara y salimos rumbo a San Bartolo Coyotepec, cuna del barro negro.

Compramos artesanía en una de las tantas alfarerías y regresamos al Centro en uno de los taxis colectivos. El viaje cuesta 10 pesitos pero hay que saber moverse para que las excursiones salgan más baratas. Si no andan con un nativo o avecindado, mejor ni se aventuren.
En el inter, Areli perdió el celular pero no se dio cuenta sino hasta dos horas después. Bueh

Como yo invité el desayuno, a la chinos le tocaba disparar la comida, así que nos encaminamos al mercado para buscar una de las empanadas de amarillo que venden en cada esquina, al estilo de los tacos de canasta, por lo tanto, no queda otra opción que comer de a parado.
Con empanada de rata en mano (como cariñosamente, Areli las llama), pasamos al puesto de las tostadas de salchicha oaxaqueña.

Aquí debo hacer un paréntesis. Uno ya no sabe cuando lo están albureando y cuando no, y mucho menos si el interlocutor es oaxaqueño. Así que cuando la noche anterior, Reynaldo mencionó la salchicha oaxaqueña entre risitas, pues claramente me imaginé que estaban hablando de pitos (¿pus qué?) Cierro el paréntesis.

Pero no, en efecto se elabora diferente allá. De hecho está embutido como longaniza y cuando se come en tostadas (muy populares por cierto) parece que está comiendo uno paté. Es muy rico, pero desafortunadamente el sabor se eclipsaba con la salsa verde y roja que le echan, así que no podría describir con exactitud el sabor.

A mi se me quemaban las habas por tomar tejate, pero antes hicimos parada técnica en el puesto del pan de yema y en el de las hojaldras. Después del cansancio, por fin nos sentamos en el puesto del tejate (bebida hecha a base de cacao) donde hice una típica postal de turista ridícula: En una mano traía la bolsa del barro negro y el pan de yema, mientras estaba desgreñada con los lentes de sol en la cabeza y mi falda jipiosona de vacaciones y sin gota de maquillaje, pelando los ojos mientras tomaba tejate y haciendo cara de "estou es lo más ricou que yo probado en mai entera laif".

La tejatera seguro que está acostumbrada, pero no dejó de reírse cuando Areli lo hizo notar en voz alta.

Se nos bajó el rush turístico cuando nos dimos cuenta de que al celular le habían salido patas y se había ido a correr mundo, así que nos regresamos a la casa a cenar pan de yema y chocolate con agua, como viejitas a las 7:00 pm.
A pesar de que habíamos quedado con Reynaldo y Laura de tener una noche de pachanga y puteo salvaje (hey, en Oaxaca le llaman puteo a andar de un lugar a otro, malpensados) nos dio una flojera impresionante salir, así que terminamos en franca noche de chicas, a la que se sumaron Cristobal y Diego. Terminamos tomando chelita y cantando a grito pelón rolas de Juan Gabriel, Pimpinela, Amanda Miguel y Lupe D'Alessio; ojalá hubiera habido mascarillas y barnices.

A las 3:30 am entre las risas y los cantos destemplados, cerré los ojos un segundo y soñé con algo raro. Supe que era hora de ir a dormir y el grupo me despidió al amable grito de "culeraaaaaa".

Santo Domingo y su exposición de personillas artísticas desnudas

Otra vista de santo Domingo

Delicioso y sensual tejate 


¡Oaxaca patrimonio de la humanidad, putos!


Una vista del andador turístico

Parte del Zócalo. En realidad el árbol me pareció bien bonito; me dieron ganas de abrazarlo pero renovaría mi postura de turista tarada.

Pues con la novedat de que aquí se casó Benito Juárez.

Otra vista del cerro del Fortín. La iglesia que se ve de fondo es la idem de la  Soledad. Atrás de mi hay una tienda de mezcales bue-ní-si-mos

Y ya.

¡No se pierdan el final de este viaje! Por fin conozco a Miguel, el príncipe ocotleño de la Areli, seguimos tragando como puercos y desairo al anfitrión por culpa de un viejo dicho familiar.

lunes, 5 de marzo de 2012

Viaje al fondo de Oaxaca: De la vida nocturna y esas cosas (parte 1)

Hace casi un año, mi mejor amiga Areli migró de Guadalajara a Oaxaca para vivir. Primero llegó como simple turista, para visitar al tipo con el que se ligó emocionalmente una noche de noviembre y desembocó en una relación vía messenger, mensaje de texto y llamadas interrumpidas cada 5 minutos para que no les costara.
Luego decidió que temporalmente sería su lugar de residencia para vivir con el susodicho, la historia de la princesa que busca el amor. Al parecer lo consiguió ya que lleva un año viviendo entre la gente candorosa, hospitalaria y desinhibida de Oaxaca de Juárez.
Y con esta historia de amor, inicia la crónica de mi viaje a esta tierra de tantas aristas y folclor.

El viaje inició el viernes en la mañana al salir de la Tapo. No me emociona la idea de viajar 6 horas en autobús pero el avión cuesta ligeramente (500 pesos) más caro. Con sandwich, galleta y agua en mano (porque ni cacahuatitos rancios te dan en el ADO) atravesé el DF, y Puebla para llegar.
Debo decir que siempre que pienso en Oaxaca, en mi mente se forma una nube de misticismo (pero en oscuro) como los compases densos de La llorona, la voz  fuerte de Lila Downs, el baile misterioso y cadencioso de La Sandunga o las mujeres zapotecas, con sus miradas fuertes.
Y creo que no estaba tan equivocada, pero a mi percepción le faltaba color. El color de las mujeres del Istmo que andan por el rumbo del centro con sus trajes coloridos, o las triquis en sus túnicas rojas, los puestos de artesanías, el olor a chocolate y la gente desinhibida.
El primer día conocí el centro.

Caminamos desde lo que podrían ser las faldas del cerro del Fortín (donde se hacen los lunes de cerro para la Guelaguetza) hasta la Catedral. Se oye como un trayecto largo pero, no.
Se atraviesa lo que podría ser la calle de las novias (donde están las casas con vestidos de ídem, como en la lagunilla), se pasa al lado de uno de los mercados, los puestos de nieves, la iglesia de la Soledad, el templo de San Felipe Neri (donde se casó el mayor detractor de la iglesia católica en México, el benemérito Don Benito Juárez) y voilá, llegamos.
Ahí mismo está la Alameda con el quiosco y los músicos tocando, y más allá, el mercado Benito Juárez. (pero de eso quiero hablar después).
La primera parada fue en la Casa del Mezcal.
He de confesar que el mezcal no es precisamente de mi agrado. Siempre he dicho que prefiero la cerveza y el vino antes que cualquier otra bebida alcohólica. Pero ir a Oaxaca y no tomar mezcal, pues hasta para mi es inmoral.
Así que entramos y me topé con un local bastante oscuro, a la mitad de su capacidad porque eran las 6 de la tarde. Aún así la asistencia estaba bastante animada, entre turistas y locales que decidieron embriagarse temprano.
La carta era una muy seductora invitación a ahogarse de borracho. En ese lugar (al menos) los mezcales, la cerveza y los aretes de perla están regalados. Por un mezcal de gusano (el menos pegador) 20 pesitos, y la cerveza andaba por los mismos precios. Deduje que con 200 pesos al menos yo, saldría hasta con nombre diferente.
No salimos arrastrando el abrigo (como diría mi mamá), pero sí con ganas de más fiesta. Luego de una parada técnica, llegamos a la catedral a esperar a Reynaldo y Laura, bailarín de danza contemporánea y diseñadora de modas, respectivamente, amigos de Areli con los que inmediatamente hice clic. Y luego del clic, pues nos echamos otros mezcales, por qué no.
Seguía siendo temprano para iniciar la fiesta, así el que nuevo lugar en el que aterrizamos (La mezcalera) tenía un ambiente menos ameno. Poca gente, música demasiado fuerte para un bar, para mi significa que es hora de emprender la huída. Pagamos y nos encaminamos hacía otro lugar.
(Según me dicen, así es la vida nocturna de Oaxaca, algo parecido a la visita de las siete casas, pero en lugar de salir de salir santificado, sales bien pedo).
Por cierto, si van y desean salir de rumba no olviden su credencial de elector, porque a pesar de que ya no nos cocemos al primer hervor, no la pidieron en todos lados. Es requisito indispensable para que los dejen entrar en cualquier lugar.
Al final no terminamos briagas. Yo traté de bailar bachata con Reynaldo pero fracasé totalmente porque digamos que él es bailarín profesional y yo fui rechazada de la audición del bailable de 5to de primaria.
Salimos de ahí y yo moría de cansancio como una anciana achacosa, así que nos retiramos con decencia a las 12:30 am.
En el camino tuvimos una interesante discusión sobre la palabra "culero", hombres franceses sensuales y las tostadas de salchicha oaxaqueña.

(¡Pero todavía no acaba! En la próxima entrega, su gentil y segura servidora llega al mercado y hace el ridículo, Areli pierde el celular y conocemos conocido embutido oaxaqueño).
No se lo pierdan

(y háganse fanses en facebook, cabrones)
Catedral de Oaxaca

Lo que es el quiosco

La casa del mezcal

Vista desde la casa de Aralé

El cerro del Fortín visto desde casa de Aralé

Y ya. Esperen más fotitos y más historia.

viernes, 2 de marzo de 2012

Primera llamada: Guía del chilango ocioso (y sin varo)

Esta es la primera llamada!

Cuando me quedé sin empleo, llegó el hado de la inspiración (ah chinga, por qué tiene que ser hada?) y entonces pensé que sería buena idea hacer una guía de ociosidad para ninis ilustrados. Es decir, gente que tiene ganas y hambre de buena diversión pero que no tiene lana para pagarlo.
Así nació la idea de la Guía del chilango ocioso (y sin varo) .
La cosa es que hace mucho tiempo tuve otra idea de tener un blog sobre viajes y comida. La idea no prosperó pero el blog se quedó ahí en el aire. Así que lo pimpee, le puse otro título y voilá, ahí lo tienen. El banner que le hice está medio chafa pero qué quieren, soy periodista no diseñadora. Y a pesar de que conozco diseñadores muuuuy chingones, pues tampoco me voy a poner a pedir sin pagar, vea?

Como la ola del cambio no viene sola, también este blog cambiará de diseño. Poquito, pero sustancioso, ya que uno de los diseñadores chingones que conozco (mi amigo personal como decía Policarpo Avendaño de 31 minutos)  Óscar González (tal vez lo recuerden como director de arte en revistas como Conozca más o Revista del Consumidor) me diseñó un personaje bien bonito que refleja toda la personalidad de este blog y por supuesto, de la que escribe estas líneas, así que ya lo verán en próximos días.

Mientras denle una miradita a chilangoocioso.blogspot.com Vean el diseño, opinen qué contenidos les gustaría ver, en fin, atásquense garnachas, que esta manteca es para ustedes.
(Háganse fanses en facebook)

:)
Y ya, hagan favor de ser felices
y coman garnachas